miércoles, 31 de diciembre de 2008

Adios Sr. 2008 ~ Hello! 2009

Me quedaste


Te extraño. Tus manías, tus sorpresas, tus conflictos.

Si te extraño es porque me dejaste: Mil suspiros, un tono de voz, varios besos y el recuerdo de tus labios tibios junto a los míos.

Una mirada para cada día.

Me dejaste: Un sustico en el corazón y las mejillas calientes. Lágrimas también. Me dejaste esperanza y sueños, y con ellos problemas. Me dejaste ganas, tu imagen y el pensamiento lleno de ti.

Por eso extraño que me abraces, que me hables y hasta como suena mi teléfono cuando tu apareces. Extraño tu sabor, albergo el deseo, recuerdo las ganas. Cierro los ojos y sigo viajando en lo que me quedó de ti: Amor, sabor, música, alegría, sol, agua, botellas y copas que jamás olvidaré. Una piel y su color. Un amazonas y su extensión. Una duda y su solución. Un fantasma y su aparición.

Me dejaste lo mejor que pudiste darme: El mejor comienzo.

Me queda tú belleza, tu esplendor, el sueño a tu lado, tu calor: El que me acompaña hoy, el que imagino contigo. Me queda la forma perfecta en la cual mi cuerpo se posó. Tus cabellos y su olor. Me queda la ilusión de que te quedo. Como olvidar el helado? Me queda tanto de ti que llegarían al cielo mis palabras escritas.

Eres de lo mejor, de los mejores vinos, de las mejores sonrisas, de las mejores canciones, de las mejores tardes con sus ocasos.

Mi mejor consuelo, mi mejor apoyo, mi mejor alivio, mi mejor llamada, mi mejor alimento. Lo sabes, mi mejor inspiración.

Eres: Mi mejor TE AMO

Me quedaste. Y me quedas. Me dejaste. Y te despido.
Adiós Sr. Dosmilocho

Tremendas ganas de escribir esta estupidez

Tremenda manía de ponerle a todo el color verde, aunque a veces pueda ser azul, y tu color favorito sea el rojo. Tremenda manía de comer más de lo que necesitas. Tremenda manía de ir detrás de los suenos, y cuando estás frente a ellos, dejarlos ir, quizás porque no los necesitas. Tremenda manía de ser versátil y nunca aprender a manejarte en ninguno de esos ámbitos. Tremendas ganas de tomar vino y emborracharte para poder gritar lo que realmente sientes.

Tremendas ganas de tomar más para seguir esta nota. Tremendas ganas de poder ser sincero. Tremendas ganas de tenerla sin ser juzgado. Tremendas ganas de ser libre para correr al lugar donde podamos encontrarnos. Tremendas ganas de gritarte lo equivocado que estás y esas cosas que deberías mejorar. Tremendas ganas de vomitar, tremendas ganas de que no me extrañes. Tremendas ganas de estar contigo.

Tremendas ganas de que no me abandones. Tremendas ganas de que me quieras. Tremendas ganas de poder emborracharme todos los días y vivir en eso. Tremendas ganas de tener la palabra correcta mientras lloras. Quiero morderte. Quiero cojerte. Quiero y quiero y quiero. te quiero mamá... Tremendas ganas de no dormir. Tremendas ganas malditas de abrazarte y que te dejes. Tremendas ganas de que toDOs lo comprendan, Tremendas ganas de olvidarlo.

TremendaS GANAS DE BEBER DE TU BLANCO. Tremendas ganas de vivir en tu amazonas. Tremendas ganas de dejar de decir tremendas ganas. Tremendas ganas de dejar la estupidez.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Vete hasta el demonio y entrégate a él (Parte II)


Estefanía despertaba cada mañana mucho después de Sebastián. Para ese entonces ya el había ido a trotar al parque, ya se había paseado por los titulares del día y empezado su jornada laboral desde el computador. El respiro intenso de ella al despertar era la señal para él. Se acercaba el desayuno.



Ella en cambio más despacio y más calmada se trasladaba a la ducha llevándose consigo las sábanas rojas pegadas aún a la piel. El agua tibia navegaba su cuerpo y ella la sentía como quien disfruta el placer de ser acariciada. Se viste con las mejores y más coloridas telas, con el más exquisito de los gustos, se pone hermosa, recoge su cabello brillante, reluce su piel templada, repasa sus mejores miradas y va hacia el comedor donde él, igualmente reluciente, la espera para el desayuno. Ritual hermoso que ninguno de los dos osa perderse y que se ha repetido durante años.

Ella toma asiento. En ese momento todo está servido. Primero el jugo de naranja que cae homogéneamente en el vaso transparente que aumenta su vivo color, lleno hasta la mitad. Inmediatamente después el café que cae sobre la taza blanca que luego se disuelve con la leche y un toque de azúcar que ella menea con sensualidad. Y entre vuelta y vuelta le lanza una mirada que él le devuelve en cada sorbo.

Él resuena su garganta como parte de la conversación silente. Ella extiende sus piernas antes cruzadas debajo de la mesa. Él cruza las suyas. Danzando. Ella estira su brazo para tomar el pan y untarlo con la nata. Él se limpia la boca. Sirve con agua cada uno de sus vasos. Piensa en el fastidio que le da quedarse en casa aunque nada tiene que hacer en la oficina. Piensa en las ganas que tiene de estar solo. En las ganas de abstraerse del planeta para pintar, para escribir, para pensar. Toma un sorbo de agua. La mirada de ella brilla y los ojos verdes de él se oscurecen. Con el mismo tedio él se atreve a pronunciar palabra:

- Hoy quedamos de ir a almorzar con los Mendoza.
- Si. He estado pendiente de eso. Pero quizás salga tarde de mi clase de Origami. Creo que como a las dos – responde ella.
- Yo me muero por pasar contigo la tarde, creo que tu piel se torna más hermosa con la luz del mediodía.
Ella sonríe, entre tímida e intrigada le dice:
- Y yo no podría perderme de tus halagos ¿Por qué lo haces?
- Porque realmente me encantas, le replica él.
- ¿Qué te parece si cuando llegue a la clase te paso un mensajito para ver si podré?

Para ese entonces ya él sabe lo que ella planea. Ya él sabe que se perderán el almuerzo con los Mendoza. Y sabe también que podría evitar que los planes de ella se cumplan con una llamada a la profesora, con acordar con Manuel Mendoza rodar el almuerzo para más tarde o con esperarla a la puerta de la clase hasta que ella salga. Pero a él realmente le fastidia tener que hacer cualquiera de esas cosas. Él, aunque desea fumar de su piel al mediodía, detesta luchar con los planes de ella, quizás porque él también puede hacerse de unos mejores.

La verdad es que Sebastián al despertarse deseó que Estefanía lo dejara solo durante el día, deseó que ella no quisiera ir al almuerzo con los Mendoza, deseó tenerla lejos. Sebastián cuando la vio acercarse a la mesa para el desayuno supo que había olvidado lo hermosa que es su esposa, lo embriagante que es el color de sus cabellos, lo extenso que es el repertorio de sus miradas que a él lo hipnotizan. Y recordó la conocida frase ‘Ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad’.

Estefanía tenía otros planes desde el día anterior. También él quiso hacer otra cosa, quiso disfrutar de la soledad, quiso hacerse de otros planes que seguramente iría a disfrutar, quiso ir a hacer cosas que por lo menos ese día le interesaban más. Más que ella, más que sus verdades o sus horas del día.

Quiso dejarla y hacerle creer que lo engañaba, supo que ella hace lo que cree que quiere, pero definitivamente hace lo que él le permite, quiso engañarlos a todos y hacerles creer que tienen la capacidad de mentirle, pero la verdad es que a él no le interesan en ese momento ni ella, ni sus planes ocultos, a él le importan sus ganas de mandarlos a todos al demonio, sus ganas de estar solo que son más grande a las de estar con ella. Le importa él y más nadie.

Y quiso mentirle, quiso mostrarse, como el esposo más comprensivo y más generoso que existe.
- Esperaré tu mensajito. Pero tranquila, que no hay urgencia de comer con los Mendoza. Yo estaré en la oficina atento.

Ella le sonrió. El se levantó de la mesa, tomó sus cosas, se desplazó hasta el estacionamiento donde abordó el carro y salió rumbo a la casa de la playa donde estaría hasta la noche, luego de un ‘arduo día de trabajo’.

Ella tomó su celular y envió un mensajito que decía ‘Voy saliendo a tu casa’. No fue a la clase de Origami y nunca envió el mensajito a Sebastián. La mañana siguiente se encontraron nuevamente frescos, amorosos y sonrientes en la mesa del comedor, jugo de naranja y café de por medio.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Variopinta

    
Hablar de ti me hace soltar carcajadas de placer. Y lo primero que tengo que hacer es reconocer que me encantas. Que me matas. Que las ganas que te tengo son proporcionales a la cantidad de años que suman nuestras edades. Tengo fijación por las variopintas. Soy un absurdo tipo caliente eternamente gracias a ti, y por eso quizás llegue a decirte palabras ofensivas, para los demás. Porque a ti te encantan y es una de las razones que te hacen variopinta. 

Variopinta porque tu mentecita no tiene límites. Y si la mente no las tiene, el cuerpo tampoco. Variopinta porque tu filosofía es la libertad, el desenfreno. El hedonismo ¿Por qué no? Sabes que la diversidad es el futuro.

Variopinta porque deseas a las mismas perras que yo. Porque quieres que desee a los mismos bichos que tu. Variopinta porque sólo por ser así te conviertes en el objeto de deseo de todos y eso te hace elegir a dedo complaciente con quien deseas tener orgasmos, sin fracasar en el intento. 

Variopinta porque no he logrado ser más sucio que tu con las palabras. Variopinta porque mientes descaradamente para lograr tus objetivos diarios y carnales. 

Me encanta cuando mientes a los demás para escaparnos juntos, y yo me hago cómplice. Cuando me mientes sabiendo yo la verdad para luego celebrar la mentira con un encuentro interno. Porque tienes el carácter para abrir y cerrar la santamaria a voluntad, para cerrar el bar sin dejar de complacer a nadie. Variopinta porque eres original con tus fetiches. Porque le pones color a cada sensación, a cada temperatura, a cada uno de nosotros. 

Variopinta porque pones a volar nuestra imaginación con cada encuentro. Porque no hay cama, no hay espacio de la casa de todos tus familiares y amigos que no hayas profanado. Variopinta porque comes de todo, y con las manos.

Variopinta porque tus gritos son cantos de ángeles. Tus espasmos realmente saben volverme loco y saben clavarse placenteramente en mi memoria para evocarlos fácilmente si los necesito. Porque tu piel es un volcán rojo en erupción. Porque tu hermosa sonrisa y tus provocadores labios rosa son usados indiscriminadamente con fines claros sólo para ti. Porque echas fuego por los ojos.

Porque, maldita sea, eres encantadoramente variopinta y escandalosamente encantadora. Hermosa, me encantas. Porque tienes infulas de reina dominatriz aunque disfrutas el rechazo morbosamente. Me haces sufrir. Te dejas llevar. Me enseñas. Me matas. Y me envuelves en un halo de deseo perenne. Eres la responsable de mis erecciones constantes. Variopinta porque no puedo dejar de imaginar y desear con lujuria todas las cosas que aún nos faltan por hacer, y mira que hemos hecho bastante. No puedo dejar de desear que llegue ya el momento en que voy a volver a tenerte vuelta loca y extasiada de placer encima de mi. Variopinta porque presumes de lo que nadie puede presumir, y no tienes problema por eso. Variopinta porque eres una dulce caprichosa a la que no podemos dejar de complacer sin cesar.

Variopinta porque eres la guinda de mi deseo inacabable. Sadica. Latina. Sabrosa. Exquisita. Mi Simone. Mi guasona y mi gatubela. Mi Satine. Mi Virginia. Mi Alejandro. Mi Catalina. Mi sirop resbalando por mi dedo. 

Variopinta porque provocas cojerte una y otra vez. Porque eres una Diosa que utiliza todos los recursos del planeta a tu favor. Y no sólo conmigo. Pero conmigo no puedes dejar de compartirlos todos.

Variopinta porque sientes por mi, opinas de mi y piensas de mi lo mismo que yo de ti.

Variopinta. De La Princesa Rosa ¿Antítesis o Complemento? 
          

La Princesa Rosa


Nunca se ha hablado de las princesas rosas. Por lo menos no en mi mundo y hasta hoy. Para el mundo machista seguramente es un término despreciable.

Cuando pienso en las princesas rosas se me ocurre que es toda mujer que cada hombre desea. Como el Príncipe Azul, para las niñas. La Princesa Rosa es la Barbie que todos deseamos encontrar cuando seamos grandes, o sea, ya mismo. Es la combinación perfecta de las cosas más sublimes y más perversas que se han registrado en el planeta.

Es ese objeto de deseo que por años hemos buscado incesantemente en la blusa de esta, en el cuello de aquella o en la entrepierna de la otra; pero que sólo encontramos cuando vemos a nuestra Princesa Rosa y ella se da cuenta de que siempre fue deseada por nosotros. Lo sabe. 

Y cuando realmente te encuentras a la Princesa Rosa que muy bien puede ser Azul o Amarilla sientes que valió la pena haber besado tantas ranas, porque si, la historia también aplica para nosotros. 

Y La Princesa Rosa es realmente perfecta, tan eterea, tan difícil de describir: Sonriente y calculadora. La Princesa Rosa tiene las características con las que en tantos poemas hemos adornado a cientos de mujeres, queriendo encontrarlas en una sola, hasta que por fin la consigues. 

A La Princesa Rosa no le pides nada porque lo que necesitas de ella ya viene incluido, y es lo que la hace tu princesa: Que te quiera. Y con sólo el hecho de que así sea tienes razón suficiente para bajarle el mundo y amarla. 

En Venezuela La 
Princesa Rosa es la que te hace poner los pantalones y echarle pichon a los días. Es tu mejor estímulo. 

En el siglo XXI La Princesa Rosa es la que en una llamada corta, un mensajito de texto o en un zumbido de msn te devuelve el aliento. 

Con La Princesa Rosa ya no sientes miedo de enredarte, ya no sientes pudor absurdo de decirle cualquier cosa que se te pase por la mente. Se lo dices y mágicamente ella es feliz. 

La Princesa Rosa es la guasona perfecta. Es la imagen de Dios hecha mujer. Ella sabe cuánto tiempo volverte loco y la dosis de encanto que regalarte cada día para hacerte feliz y lo suficientemente desdichado para desear más. 

La Princesa Rosa es hasta inmortal, no tiene edad. Es sabía, es veterana, es inocente. Sabe lo que tiene que saber y curiosea las pieles vírgenes. Es una serpiente que te enreda y se enreda contigo. Te atrapa mientras tu sonríes. 

Es la que te reta para que en el momento que más lo necesite la halagues y la hagas sentir una reina. 

Es perfecta porque quiere de ti eso que idóneamente puedes darle, como ningún otro. La Princesa Rosa sólo te hace feliz, sin importar cuando, donde, como, ni porque. No necesita respuestas, ni tu de ella. 

Es tan ingenua como tú, tan sensible, tan presta a dar y recibir. Te ha esperado sabiendo o sin saber. Ha besado sapos. Tampoco te exige. También se anima contigo. 

Ella es la que se mueve como te gusta, al caminar y al bailar. La que te hechiza con su mirada, la que te hipnotiza con su voz, la de la carcajada certera. La de la temperatura acorde. La del silencio necesario. La de la palabra acertiva. La de la piel tibia para los días lluviosos. 

La de la sombra. La de los labios, la de la forma. La del abrazo. La del viaje. La del amor 'puro y desinteresado'. La de lo nuevo. La del golpe. La de los anteojos para ver mejor el mundo. 

¿Cómo no? La de las lágrimas, la de la noche. La de la brisa. La del sol. La de la ola. La del helado... La de la copa. La de la danza árabe... Y la sonrisa. La del sueño.

Lo cierto es que también nosotros soñamos con La Princesa Rosa, Amarilla o Azul. ¿O no muchachos? 

Hoy quise hablar de ella. 

Tu Cuerpo

          
Brillante, inmenso y amazonico. Selvatico. Bañado de paraíso. Manantial de placeres. Con el conviven los mejores sabores. Una bandeja extensa de olores, una canasta infinita de provisiones. 

Tu cuerpo curvo, a veces plano, tu cuerpo sombreado y enaltecido. Tu cuerpo jugoso. Tu cuerpo brillante, blanco. Tu boca concava y la mía convexa se acoplan perfectamente en un golpe suave y dulce, como el azúcar. 

Tu saliva mezclada con la mía químicamente hecha la una para la otra. La combinación perfecta. 

Tu sudor: La muesta fiel de tú perfume que me embriaga y me hace perder la conciencia. Tu sudor: Nectar glorioso del que quiero beber. Tu olor: Olimpo. Tu color. Tu textura. Tus adornos. Tus silencios. Mis acentos. Tus curvas. Tu orgasmo: La mejor recompensa, "El piropo que tu amor regala". 

Tu vida, regalo invaluable que me dió no se quien. Y yo deseando tenerlo porque de verdad lo estoy mereciendo.
            

jueves, 16 de octubre de 2008

Amor

Amor: Nueve meses. Amor seis meses. Amor Increíble.
Amor: Una canción.
Amor: ¿Celos?

Amor: Esperar.
Amor: ¿Callar?

Amor tu. Amor yo. Amor tres.
Amor secretos. Amor sincero.

Amor una guitarra. Amor una sonrisa.
Amor una mirada. Una mirada con lágrimas.
Una piel roja. Una cerveza. Amor La Playa. Amor tu espalda. Amor mis labios.
Amor extrañarte. Amor te vas. Amor descanso.

Amor trofeo. Amor Merlot.

Amor pendiente. Amor deseo. Amor no me importa.
Amor tus cabellos.

Amor lo que das. Amor lo que esperas. Amor lo que no recibes. Amor lo que no esperas.

Amor inédito. Amor único. Amor nuevo.

Amor ignorante. Amor permiso.
Amor: Energía. Amor abrazo. Amor pregunta. Amor espera. Amor que duda. Amor que se atreve.
Amor que ama. Amor que calla.

Amor sin clímax. Amor: Orgasmo. Amor amor.
Amor el agua. Amor el Sol. Amor: Escape. Amor un día.
Amor: Adiós. Amor me haces falta. Amor: Palabras.
Amor: Sonrisas. Amor que llama. Amor que nunca llama. Amor que sigue esperando.

Amor una montaña. Amor que vuela. Amor una Nube.
Amor sublime. Amor Libre.

Amor Lugar. Amor Momento. Amor: Un abrazo. Amor ahora.

Amor que no pregunta. Amor que no se preocupa.

Amor que ama. Amor Tormento. Amor que exige. Amor estúpido.
Amor que ama. Amor que Ama.

Amor: ¿Y Ahora?
¿Amor? Hay Más

Exorcismo en otras vidas

Mi adorada Simone. Te escribo para decirte que he estado pensando demasiado en esas cosas que sólo puedo compartir contigo y nadie más. Y mientras llegas hasta mí, las lanzo al papel. He estado pensando en el silencio. Ese que tengo que pasar a solas en mi casa mientras no estoy contigo. Ese que me evita gritar y decir lo mucho que me haces falta. Ese que tenemos que atravesar cada día cuando tenemos que despedirnos para ir cada uno a cumplir con sus obligaciones y compromisos aunque queramos seguir cerca. Aunque no haya nada mejor que abrigarnos de abrazos, duele el silencio de pensar que tenemos que bajarnos de la nube en la cual nos subimos cada vez que estamos juntos, para enfrentarnos a la realidad de nuestros días.

 

Para enfrentarnos a nuestras realidades de amores no convencionales. A nuestra decisión de que sea así: Diferente, nuevo, único, revolucionario. Se que pocos pueden comprenderlo. Por no decir que nadie.

 

Me haces una falta terrible.

 

Fíjate. Aun no encuentro razones para extrañarte tanto. En esta vieja costumbre de buscarle razones lógicas a todo me has vuelto un fracasado. Te extraño y simplemente no encuentro en otra cosa la paz que me da tu rostro, tu sonrisa, tu dulce voz.

 

Lo cierto es que te extraño porque me encantan tus maneras, tus frases inteligentemente espontáneas que me lanzas cuando menos me lo espero.

 

En este domingo no hago sino pensar en ti. No hago sino abrazarme en la locura de necesitarte a ti y a tu cálido abrazo. No hago sino sorprenderme con el cúmulo de sensaciones que has despertado en mí.

 

Un día me dijiste que querías que llegara a extrañarte y lo has conseguido.

 

Me he descubierto llegando 'feliz' a casa y fijándome en cuanto te extraño para no pensar en otra cosa por horas. Para darme cuenta de que muchas cosas de las que hago serian mejores si estuvieras cerca, que realmente te necesito a ti y a las cosas que vienen contigo. No pensé que me pasaría. No pensé que lo lograrías. Y hoy me da pena reconocerlo. Tener que decírtelo. Hacerte pasar por esto. También me da miedo el querer ir más allá y que esto pase de ser una emoción alucinante a una rutina aburrida.

 

Sabes, prefiero quedarme con las ganas inmensas de volver a verte, de tenerte cerca, con la emoción que me da cada vez que entre nuestras obligaciones, abrimos un espacio para los dos. Un espacio en el que condensamos tantas ganas. Ese que le da trabajo a nuestras conciencias y nos hace creer que hacemos mal. Ese espacio ideal para los abrazos acopiados, conservados y guardados especialmente para el momento de nuestro encuentro. Prefiero quedarme con esa sensación que me cuesta algunos domingos sin poder pensar en otra cosa.

 

Espero verte pronto. Te guardaré mi mejor sonrisa, esa que me sale al pensar que tú también me extrañas.

 

J. P. S.

martes, 30 de septiembre de 2008

Ser lo que quieres ser... y ya


Hace tiempo. Demasiadísimo tiempo que no me desahogo literalmente. Sin personajes de por medio, sin pretensiones de literato.

Y si todos estos medios de comunicación 'sociales' tienen alguno sentido de ser es que podemos comunicarnos. Es lo que todos buscamos. Y cuanto más efectivos sean, más adictos a ellos nos volvemos. Para muestra Facebook.

Por eso los aprovecho y les grito a todos los que me da la gana, tratando de ahogar los complejos aun sin saber si una sola persona va a leerme, o millones. Apostando a que alguien accidentalmente se cale mis estupideces. Estupideces un poco más inteligentes que el grueso común. Un poco menos acomplejadas. Y hoy es un día para reflexionar. Mi alma lo pide a gritos.

Viendo el video 'La verdad detrás del espejo' (Buscar en Tutubo) que me envió un buen amigo pude empezar a pensar nuevamente en todas esas cosas que queremos ser y no somos los venezolanos, mi cultura. Y pude darme cuenta de que efectivamente somos un país que nace de los complejos, que vive de los complejos, de los juicios y que nos revolcamos en ellos. Que mal. Que triste. Por eso a veces me divierte tanto gritárselo a las personas. A ver si reaccionan.


Algunos pocos somos lo que queremos, muy pocos somos algo, cualquier cosa, la mayoría somos NADA.
Que vivimos con miedos, con complejos.


En estos días también un amigo borracho me decía una frase trillada pero que bien me cayó: 'Si la gente no te quiere por lo que eres, entonces no valen la pena.' Y es verdad.

¿Hasta cuando el miedo de ser como queremos? ¿De mostrarnos como somos? ¿De hacer lo que nos venga en gana? Es verdad que no todos podemos ser dioses (como yo), que necesitamos acuerdos mínimos de convivencia ¿Pero en que punto los acuerdos son límites para ser? ¿Hasta cuando miedo de querer, de odiar?

Se que no es tan simple. Se que no es fácil de entender. Se que hasta yo mismo me someto a juicios. Quisiera algún día no tener miedo. Como Samuel - el hijo de mi amiga Loli - que cree que puede correr detrás del carro en la autopista, y si le ofreces hacerlo, no tiene miedo de bajarse y emprender su aventura.

¿Quién me enseño a vivir con miedos? ¿Quién se lo enseñó a mis amigos, a la gente que quiero y a la gente que no quiero tanto? ESTO ES UN GRITO de deseperación por un país auténtico, valiente...

Quisiera que algún día todos pudieran hacer y ser lo que quieran. Quisiera... Algún día...


jueves, 18 de septiembre de 2008

El Universo en Cuatro Paredes


Después de tanto esperar venias hacia mí. Te veía a lo lejos, a una cuadra de distancia, esbelta, bronceada, sudada también; el cabello negro y largo, al compás del viento. Luego la mirada, las pupilas dilatadas, la boca echa agua y una sonrisa cómplice calculadora del tiempo perfecto. Un abrazo. Tu piel está tibia y comienza a enrojecerse. Mientras caminas a mi lado hacia el paraíso, nuestra respiración se acelera, las palabras sobran y el cosquilleo en el estomago aumenta.

Al cerrar las puertas nos sentimos dioses del universo. Nos apoderamos de nuestras bocas y nuestros cuerpos, nerviosos, un poco agitados, deseosos y palpitantes. El roce de las hebras de tu cabello me ponen la piel de gallina y el color ruborizado que va tomando tu cuello me hacen levantar aún más. También me hacen desnudarlo. La impaciencia se adueña de mi tiempo y cada vez quiero tener menos piel separándonos, menos barreras.

Inmediatamente tu pecho se descubre y se pone en contacto con mi piel. Allí está, mas vivo que nunca. Más sensible, más colorido.

La cama se hace sabana virginal que empieza a ser trastocada en todas sus dimensiones. Nuestros cuerpos se convierten en pinceles tomando todas las formas posibles, curvas, rectas rígidas, profundidades. Los ojos brillan. La lengua se convierte en un explorador ávido de texturas y sabores. Nuestros termómetros corporales agudizan su capacidad de sentir las temperaturas vibrantes en cualquier rincón de nuestros cuerpos. Se ponen en contacto las partes nunca antes sentidas. El calor aumenta, el calor forma ríos y océanos que inundan todas las extensiones de nuestros cuerpos, cada recoveco, cada vacío.

El corazón se hace sentir por arriba, por debajo y por todos lados. Y queremos más, aunque somos un volcán a punto de erupcionar. Un volcán que ruega encender el planeta de energía y calor, pero que a la vez, toma más fuerza y más furor con cada intento truncado de estallar. Nuevamente la piel se hace más sensible. La lengua puede llegar a todos lados.

La suavidad y la violencia se entremezclan para resultar en el ritmo perfecto que nos conduce con sutileza pero a la vez con firmeza al cielo.

Nos detenemos porque no queremos que termine el instante eterno y glorioso en el que por fin nuestros cuerpos recibieron la lluvia de éxtasis que por mucho tiempo rogaban albergar. Hasta lograr ser extremos y ser contorsionistas. Hasta lograr ser iguales y ser opuestos.

Las manos y los pies no se quedan atrás, son protagonistas y principal testigo del encuentro histórico. Nuestros olfatos son perros hambrientos pendientes de recibir. Son parte del goce supremo.

Los fluidos empiezan a hacerse presente, no sabemos de que estamos hechos, no sabemos si somos carne sólida o líquido que se amolda a nuestras almas. El universo entero forma parte de nuestro intercambio. Todo interviene, nada es suficiente.

Y allí en el centro de la tierra se genera un caos de energía que lentamente nos lleva del cielo al infierno y nos devuelve a la tierra: Lugar hermoso que nos permitió vivir y ser dos hambrientos que no se sacian; y que inmediatamente salen a recorrer más sabanas y siguen devorando con un exquisito disfrute, los ricos manjares cubiertos de una fina piel que permite degustar incluso lo que está debajo de ella, y más adentro.

Y en ese momento, más que nunca latió el corazón y la sangre recorrió nuestro cuerpo.

Entre paredes dos personas realmente sintieron lo que significa estar VIVOS.

martes, 9 de septiembre de 2008

A veces, Sofía . . .


Todavía, a veces, mientras el cielo pasar de ser naranja a ser violeta, recuerdo a Sofi. Aquella muchacha que sólo soñaba con mirar a los ojos a un muchacho, al cual cada noche le mandaba construcciones de frases inteligentes mientras se limitaba a observarlo en la fotito que se ubicaba en el lado superior derecho de su computador.

Recuerdo a la Sofi que suspiraba y a la que se le aguaban los ojos cada vez que hablaba o pensaba en el ingenioso niño de contextura delgada y que un día ya no supo si tenía los ojos grises o quizás marrones. De tanto no verlos, se le fueron olvidando.

A Sofi también se le ponía caliente el cuello cuando lo veía bailar por camarita, cuando él simplemente le decía ‘Hola’ o cuando le pasaba alguna foto, alguna canción o un juego corto de palabras formadas por letras verdes. A sofi, se le hacían interminables los segundos aquellos en los que lanzaba un comentario o una pregunta indiscreta y tenía que esperar la respuesta del ingenioso picaresco siempre cambiante. A veces le daban ganas de llorar. Sofía se aterrorizaba con la idea de que en cualquier momento pudiera descuidarse, y al volver, él se hubiese ido sin despedirse, ignorando que cualquier gesto de consideración hacía ella marcaban el estado de sus horas y sus minutos.

Recuerdo que Sofía Elena era una ingenua soñadora que un día sabía lo que quería y al otro no. Que un día deseaba olvidarse del ingenioso, pero la aparición de él la dejaba sin aliento y hasta sin pensamientos. Sofía era bastante loca. La verdad, yo creo que nunca pensó cual era su verdadero deseo. Sofía a veces decidía no encender la máquina que los conectaba y los hacían sentir cerquita aunque estaban a una distancia desconocida para ella.

Aunque decidía - algunos días - desconectarse de ese mundo que la hacía desesperarse, Sofía después de pasar horas tirada en su cama viendo al techo, sin pensar, sin racionar, sin poder contenerse: Levantaba su tronco, ponía los pies en el suelo, se ponía de pie, se acercaba a la computadora, se agachaba, apretaba el botón de encendido y se sentaba en la silla morada, a esperar que apareciera.

Este movimiento diario y calculado era el que durante muchas semanas le daba sentido y respiración a su existencia. A veces se ponía a dibujar sus sueños, a veces los escribía o simplemente los pensaba: El día en el que el ingenioso picaresco apareciera sin avisar en la puerta de su casa y se la llevara al mundo mágico que estaba allí mismo, dentro de su casa, pero que sólo podía activarse con la aparición de ese ser por el que pasó meses esperando.

Nuestra Sofía, la que conocemos, espero hasta la muerte y esperando murió. No tuvo el beso cálido del (a mi parecer, poco ingenioso) muchacho. Anoche se me apareció en sueños. La verdad, quise que estuviera aquí y me diera siempre historias que contar. Al despertar ya no estaba, pero por hoy me reveló el deseo de que aunque sea por última vez, volviera a mencionarla.

P.D.: Mi Sofi, mis días sin ti tampoco son posible. El hecho de pensar algunas 24 horas sin ti, sin tu aprobación para poder sonreir, me mata de desconsuelo. Te amo!

viernes, 5 de septiembre de 2008

Vete hasta el demonio y entrégate a él...


¿Que pasa cuando crees conocer a alguien de toda la vida, a lo largo de los años, y un día cualquiera te das cuenta de que no es así? Porque reaccionó de alguna manera que no esperabas. Porque te enteras que siente o hace cosas que no esperabas ¿Hasta que punto tu pareja, tu mejor amigo, tus familiares deben ser como quieres, deben comportarse como esperas?


Ok. Piérdete todos los días que quieras. Vete lejos. No me llames. No me busques. No me escribas. Y regodéate en tu rabia, en tu emoción. Porque estás harta de ti misma y te lo hago saber. Porque ya no sabes que parte de tu vida es fantasía y que parte es realidad. Porque ya no sabes donde está la frontera. Porque ya no sabes hasta donde tu piel es canela y hasta dónde es blanca. Hasta donde tu existencia es de verdad.

Piérdete. Sabes que no me molesta ¿Sabes por qué? Porque no espero nada de ti. No espero que estés. No espero que me quieras siempre. Sólo hay cosas que puedo ceder y algo que no puedo ceder. Pero si te quieres largar. Adelante. Me encanta cuando lo haces. Porque así como tu te hartas de mi. Adivina. Yo también me harto de ti. Ah! ¿Que no te esperabas que te dijera estas cosas? Que mal. Porque yo si me espero cualquier cosa de ti. Me espero que otro te haga el amor estando yo a dos metros de distancia. Me espero cualquier cosa. No espero nada.

Espero que seas.
Espero que hagas lo que quieras.
Quiero que seas tú. Que te vayas, si quieres.
Que te quedes, si quieres.
Que no vengas, si quieres.
Que hagas lo que quieras, si quieres.

Quiero y me encanta cuando estás difusa. Quiero que seas oscura, si es lo que quieres. Lo único que quiero es que seas tú. Y de ti, quiero para mí, que estés cuando quieras. Que estés y ya. No quiero que seas mía. Que seas perfecta. Y si un día no estás, todo sigue bien. Igual, algún día morirás.

Espero que hagas lo que realmente quieres. Mientras tu no sabes que esperar. Y cuando regreses. Si. Estaré aquí. Lo sabes. Por eso puedes irte. Por eso te das el lujo. Arriesgas lo seguro. Porque si te va bien, volverás feliz a lo seguro. Y si te va mal, lo seguro siempre estará igual.

Porque lo bueno es que no te estás yendo. Estás regresando del planeta lejano, galáctico y ficticio en el que estabas.

Bienvenida a este maravilloso retiro en el planeta más hostil y más real de la galaxia: La Tierra.

Aquí, es simple, lo único que tienes que hacer es, saber, que coño quieres.


Notita: Que vaina más enredada esta. Me gusta cuando en medio de la nada me semi-inspiras estos enredos. No te lo creas mucho.

lunes, 25 de agosto de 2008

Triste


Abstracto como levantarse un día liviano, aliviado y tranquilo, pero sin recordar en lo absoluto la disertación filosófica acerca de su existencia que le tomó 21 años hacer, y que de un momento a otro, se formateó su disco duro para perder el trabajo de una vida entera.


Apagado, como esos televisores viejos en blanco y negro que luego de apretar el botón del OFF se iban desvaneciendo desde los bordes hacia el centro quedando casi al final un puntico blanco en el centro que tardaba en desaparecer.

Triste, aunque algunos lo llamen fresco, hay días en los que ese caballero se cubre de un aura negra, imponente y fuerte.

Extrañando sin querer a otra fuerza grande y amorfa presente al otro lado del río, que suena a voz dulce y melodiosa. Arrepentido de romper la rutina donde abrazaba diariamente a unos cuantos de grados de alcohol y de locura, al lado de una gente que le hacía reír y cantar.

Negro el pensamiento, casi vacío. Sin sentido. Muerto. Pidiendo a gritos el regreso. La vuelta. El rescate. Aire. Agua. Incluso un fuego que le haga creer que todavía es capaz de sentir. Triste. Muy triste. Pagando las heridas ocasionadas a otros a lo largo de los años. Quemado por el sol, a la intemperie. Y aun con la esperanza de retomar el camino, de llegar al sol. Pronto. El sabe que pasará.

viernes, 15 de agosto de 2008

La Guasona

Suena feo ¿verdad? Pero sádico a la vez. Y es que a los seres humanos - ya es hora de admitirlo, después de quedar demostrado por los siglos de los siglos- nos encanta el sadismo. Eso si, el sadismo inteligente. El que te hace sufrir lo suficiente para engrincharnos la piel pero no tanto como para aterrorizarnos, pero si para enseñarnos y darnos cachetadas verbales y hacer que abramos los ojos ante el mundo.

Ella es My Favorite Joker, la que es capaz de deshacer todos mis planes con una llamada, con una aparición celestial, con un toque. Le da otras formas a ese cuadrito perfecto que pretende ser mi vida.

¿Cómo sería El Guasón versión mujer? Fascinante, y me sorprende saber que, coño, cada vez voy cediendo más ante ese mundo que con el paso de los años va invadiendo el alma y la existencia de unas cuantas mujeres y cada vez más hablo de ellas y de ellas, y de ellas.

The Femme Joker sería sádica. Espontáneamente incoherente pero no por casualidad, ella planearía cada una de las frases que va a decirte para causar en ti el nivel exacto de confusión que necesita para seducirte. The Femme Joker soltaría carcajadas con cada espasmo orgásmico. No tendría una voz maltratada, tendría una voz sensual y chillona cuando quiera también.

Definitivamente inteligente y creativa, encima de ti. Creo que sería perfecta y ya no puedo omitir que esta entrada es una petición desesperada para que Dios permita que me enamore de una vez y por todas de alguna loca perfecta que se proponga interceptar mis pasos en alguna de las calles de esta caótica ciudad.

O que se concrete de una vez alguna de las empresas ya ideadas por unas cuantas y que no me he atrevido a emprender.

Esto continua… Portense MAL. Seamos buenos agentes del Caos ja ja ja ja ja ja ja ja jo ja jo ja ji ju ja ja ja ja jajajaja jaaaaaaaaaaa jajajajaja jo ja je jo ja

lunes, 28 de julio de 2008

Dos Semanas

Ese día un mensajito de texto cambiaría la vida de Sofía. Era Martha, por unas semanas Sofía no vería las telenovelas: Marica llámame, nos vamos de viaje

Sofi no lo duda y enseguida le marca al teléfono. Al hablar, no podía creerlo ¡Era imposible! Martha se había ganado un viaje a Shangai por dos semanas en la empresa donde trabajaba. Un viaje para dos personas.

Y Martha no pensó en aquel que cada semana atravesaba la ciudad para escuchar sus cuentos, en aquel que no sólo escuchó durante meses los de ella sino también los de su amiga cuando tuvo que viajar, la vez anterior. Martha quiso llevarse a Sofía a ese viaje, y esta última muy feliz vio en esa oferta la posibilidad de no pensar más en el ingenioso picaresco especialmente tallado niño de contextura delgada y ojos grises.

Martha también estaba feliz, se olvido por un momento de esa sensación de ser penetrada sin darse cuenta. Querían irse. Cuanto antes.

No tardaron en hacer maletas ni más de 4 días en ser llevadas por sus padres al aeropuerto, tenían que cruzar por aire el Océano Pacífico y hacer escala en Sidney, les tomaría bastante tiempo llegar a Shangai.

Tampoco le tomó al avión más de seis horas en caer en medio del Océano y hundirse junto a los pasajeros, los cuales después de dos semanas, no han sido encontrados. Murieron Martha y Sofía Elena por inmersión el sábado 26 de Julio de 2008 a las 15:53 - hora de Caracas.

miércoles, 23 de julio de 2008

Sofi de una a tres

¿Qué en qué momento empezó - la oscura, de corazón calculador - Sofi a gustar del ingenioso picaresco especialmente tallado niño de contextura delgada y ojos grises?

Estamos aquí para averiguarlo.

Esa tarde había un sol amarillo y brillante en Caracas. Las calles aun no se habían convertido en el cotidiano estacionamiento y los carros podían desplazarse, pero sin dejar un lugar vacío en alguna de las avenidas de la capital. El sonido de los motores y las cornetas llegaban fácilmente hasta el cuarto de Sofi en el piso 10.

Sofía Elena es una adolescente caraqueña en el último año de Mercadeo. Eran las 3 de la tarde y Sofi veía la novela de turno en su cuarto cerrado a la luz, paredes de colores, cama pequeña, closet amplio, un escritorio, una mesa de noche y una ventana que aun tapada, deja colar hasta los gritos desde la calle.

Sofi llegó al mediodía de la universidad, se encontró con su hermana que luego de almorzar volvía a la oficina. Tomó su comida, llenó su vaso, entró a su cuarto y se instaló a ver la televisión. Ya habían pasado dos horas y ella estaba allí, sin levantarse, aunque le provocaba más Coca – Cola.

Sofi soñaba con ser una de las protagonistas de alguna de esas telenovelas que llevaba más de una década mirando ferviente y clandestinamente mientras de vez en cuando se comía las uñas, por los laditos - aunque lo detestaba, no lo podía evitar. Tampoco nada podía hacer que se levantara de aquel lugar que su casa le tenía reservado cada tarde de una a tres, o más. Eso si, nadie se imaginaría jamás su rutina diaria, la sabía esconder muy bien, como todos aquellos que se muestran al mundo con una máscara de por medio, como tu y como yo. Esto no le quita a Sofi su extraordinaria belleza, su capacidad de crear e imaginar mundos maravillosos, cualidad que la hacen la número uno en su clase.

Y en su closet, donde cabía un universo infinito de cosas, Sofi tiene mil piezas de vestir - aunque cada día se queja de que no tiene ropa que ponerse; también tiene cientos de accesorios; esconde todas las temporadas de Sex and the City, Dawson’s Creek y Friends; los clásicos de Disney - desde Cenicienta hasta Encantada; muchos libros de Moda y Diseño; revistas. Si yo estaría contando estas intimidades a los amigos de Sofi, jamás creerían que muy pocas cosas podían quitarle su vista del televisor de una a tres, o más. Pocas cosas: Como un mensaje de texto que quien sabe si podría cambiarle los días, sus días de novela.

En ese momento sonó el timbre de mensajes de su celular, y Sofi al percatarse, salió corriendo para ver quien era…

martes, 22 de julio de 2008

Lluvia en varios idiomas


Llueve afuera, llueve demás… (8)


Con las vísceras afuera te escribo esto ¿Cómo asimilar en 24 horas todo eso que te toca aprender de un golpe? Yo más que nadie te entiendo. Se que no hay manuales para eso.

Para entender que lo puedes todo sin saber que es lo que quieres poder con alguien. Alguien que te hace creer que lo quieres pero sin decirte para que. Alguien a quien no te atreves a decirle adiós mientras simultáneamente te hipnotiza y te insulta; y no le dices adiós sobretodo porque no quieres que se de cuenta de la tristeza que nace en tu pecho cuando tienen que despedirse. Quizás por eso no te vas.

Y mucho menos cuando entiendes después de que le dices adiós que la felicidad sin alguien no existe. Se que mientras te hablo tu sólo piensas en su sonrisa, y sueñas con que en cualquier lugar del planeta que se encuentre, esté también pensado en ti. Y aunque te enseñaron que todo lo puedes, no te atreves a luchar.

Sólo quieres que llegue y sea él quien te diga que no puede vivir sin ti, que no le da la gana de vivir sin ti. Un día está cerca, un día está lejos y tú no harás nada porque los tiempos han cambiado y las reglas no son las mismas.

Ya eres mayor y te sorprende darte cuenta de que estas sintiendo y comportándote como una niñita de 14.

Tú sólo piensas y piensas. Te tiras en la cama. Te levantas. Vas a la cocina. Abres la nevera. Tomas agua. Cierras. Sales. Vuelves a la cama. Te tiras. Sigues haciendo lo mismo. Nada. Miras al techo. Sientes la brisa. Sientes frío. Escalofríos. Justo en el corazón. Si. Ese órgano siente frío. Que bolas. Va a llover. Ha estado lloviendo mucho en Caracas. Se envidrian tus ojos. El sigue ahí. En el techo de tu cuarto. En tu imaginación.

Tu no irás, el no vendrá.

¿Qué sientes?

Martha ¿Quién vendrá hoy a darte un falso abrazo, a calmar tu frío?

¿Qué harás?

¿Qué haremos guey?

miércoles, 2 de julio de 2008

Super Pop Love History

Cada noche, a eso de las 11, Sofi repite la rutina. Donde quiera que esté, corre desesperada al mismo rincón de siempre, el de su escritorio, en su cuarto. Nada puede hacer esperar el encuentro en el cual ansiosa y cargada de mil ilusiones aguarda por la aparición del “ingenioso picaresco especialmente tallado niño de contextura delgada y ojos grises”.

Ese, el “ingenioso picaresco especialmente tallado niño de contextura delgada y ojos grises” no sabe que Sofi siempre lo suspira con desespero y fuertes palpitos en su corazón, pero sobre todo a esa hora en la que las probabilidades de que el aparezca y le diga ‘Hola ¿Qué haces?’ aumentan. Sofi puede hacer cualquier cosa durante el día para despegarse un poco de la alucinación de piel clara del “ingenioso picaresco especialmente tallado niño de contextura delgada y ojos grises”. Si, lo bueno es que él no se hace rogar, la malo es que ella tampoco, apenas se abre la ventanita de ese maravilloso invento que hace que una persona aunque esté lejos - y aunque quizás esté pensando en problemas que ni te imaginas - te haga creer que lo tienes cerca y que te tiene cautivado con sus ojos grises; apenas se abre esa ventanita, ella esta ahí, con su mejor respuesta, muchas veces preparada. Él también está sin hacerse rogar, dando el primer paso, como debe ser, pero con una intención diferente.

Él no es de esos tipos que las tiene muerta a todas, más bien es de vestir sencillo, pero llamativo, con una picardía inigualable, con chispa, la cual junto a sus ojos, le hace arrebatar pasiones y le han hecho llegar lejos. También tiene el don de la palabra, que combinado con un toque de inocencia no lo hacen tan peligroso para el ecosistema. Medio famosito y todo, osado, creativo, más de lo que Sofi espera de alguien, todas estas cualidades siempre las ha considerado accesorias en un chico, pero esta vez, todas ellas juntas en el “ingenioso picaresco especialmente tallado niño de contextura delgada y ojos grises” la tienen cautivada.

En el fondo, Sofi sin darse cuenta, comparte con él, su forma de vestir, de andar, de comunicarse y una creatividad característica de un circulo social al cual muchos pertenecen sin ser tan sociales, una especia de mundo virtual en el que todos están pero nunca se ven; creatividad al fin que pocos tienen y que los ha hecho a ellos, especiales, elitescos, aún así, hay cosas en ese círculo que no se comparten, que están ocultas. Quizás lo quiere por lo parecido a ella, cosa inédita entre el saquito de especimenes que hasta ahora ha recabado. Eso le maravilla. Aunque contraria la teoría de que se atraen sólo los polos opuestos, pero la verdad es que son sus ojos los que la mantienen pegada al otro lado del teclado y de la pantalla cada día de 11 a 4, incluso dice que puede pasarse la vida entera mirando esos ojitos brujitos pero benignos.

Sofi es realmente despampanante, no tiene los dotes comunes de las niñas de cabelleras largas y piernas torneadas, pero si unos ojos miel cautivadores, una sonrisa hermosa y una labia especial que la han hecho conseguir todo lo que quiere, todo, así tranquilita como se ve, es una mujer realmente ambiciosa.

Por otro lado, ese, el “ingenioso picaresco especialmente tallado niño de contextura delgada y ojos grises” ha llegado lejos pero no consigue algunas cosas de las que desea, deseos que también, pocas veces comparte. De igual manera posee una lista de cosas que no desea aunque las tiene, que le hacen la vida diferente y mejor, de once a cuatro, una lista de cosas que sin darse cuenta necesita contar con ellas para producir nuevas ideas y hacer las tareas algunos domingos. Una de esas cosas era Sofi.

Ella sueña con limpiarle todos los problemas, e incluso ayudarle a conseguir algo de esa lista de deseos para que sea un poco más feliz, para que la inunde de sonrisas y miradas soñadoras de ojos grises que tanto le han gustado. Ella sueña con acompañarlo a alguna de sus creativas aventuras, con esperarlo algunas tardes en la puerta de su salón. Ella sueña con pasar un domingo viéndole los ojos o viéndole bailar esa canción que sólo los dioses bailan como él.

¿Qué en qué momento empezó - la oscura de corazón calculador - Sofi a gustar de esa flaquedad? Eso sólo lo sabrán la brisa de la noche - que se cuela por su ventana y va a parar a un suspiro suyo - y el teclado mágico de ella que le hace parir frases incompletas pero que le llenan a él la vida de sonrisas, por algo cada noche a las 11 le escribe un ‘Hola ¿Qué haces?’.

Lo cierto es que Sofi ahora sólo escucha las canciones que lo hacen bailar a él, sólo espera que cada semana a él se le ocurra la idea de verla, se esperanza con sus mensajes en el facebook, en el celular y en el Messenger, sonríe y cuenta a sus amigos algunas de sus conversaciones sostenidas con él.

Ella que siempre se los paseaba por su cuerpo y su mente como le daba la gana, sin ningún tipo de remordimientos, ahora sólo sueña con poder tenerlo a él, sólo para mirarlo, sin desgastarlo mucho.

Nada de esto es malo, excepto por el detalle de que ese, el “ingenioso picaresco especialmente tallado niño de contextura delgada y ojos grises”, no suspira por Sofi, hasta dónde sabemos. Él quizás suspira por alguien que Sofi no sabe, yo tampoco, y que capaz no queremos saber.

Como ven, esta es la historia de una muchacha que no quiere más que mirar los ojos de un muchacho, al que le manda cada noche hechizos de frases inteligentes para poder mirarlo a través de las letras de un computador que no se sonroja ni se avergüenza, que se apoya en esas diarias citas a ciegas en las que no le importa ver mas nada.

De un muchacho que apareció de la nada justo cuando ella creía que era feliz, que la vida sólo le deparaba sorpresas planificadas, hasta que sucedió lo inesperado. Se enamoró de un muchacho ingenioso, picaresco, de ojos grises, flaco y especialmente tallado.

Valga destacar que Sofi es una amiga de Martha que llegó para ocupar su lugar luego de que esta fue a curarse. Suponemos que Martha está bien, extrañando al amigo que le ayuda a exorcizar sus demonios. En cuanto a Sofi, también tiene la esperanza de que ese niño, lea su extraña fábula a través de mí. Sofi es hermosa, por eso mi única preocupación es saber contar su historia. Estoy empezando a quererla, pero hay una parte de este cuento que Sofi, aún no quiere contarme…