sábado, 8 de noviembre de 2008

La Princesa Rosa


Nunca se ha hablado de las princesas rosas. Por lo menos no en mi mundo y hasta hoy. Para el mundo machista seguramente es un término despreciable.

Cuando pienso en las princesas rosas se me ocurre que es toda mujer que cada hombre desea. Como el Príncipe Azul, para las niñas. La Princesa Rosa es la Barbie que todos deseamos encontrar cuando seamos grandes, o sea, ya mismo. Es la combinación perfecta de las cosas más sublimes y más perversas que se han registrado en el planeta.

Es ese objeto de deseo que por años hemos buscado incesantemente en la blusa de esta, en el cuello de aquella o en la entrepierna de la otra; pero que sólo encontramos cuando vemos a nuestra Princesa Rosa y ella se da cuenta de que siempre fue deseada por nosotros. Lo sabe. 

Y cuando realmente te encuentras a la Princesa Rosa que muy bien puede ser Azul o Amarilla sientes que valió la pena haber besado tantas ranas, porque si, la historia también aplica para nosotros. 

Y La Princesa Rosa es realmente perfecta, tan eterea, tan difícil de describir: Sonriente y calculadora. La Princesa Rosa tiene las características con las que en tantos poemas hemos adornado a cientos de mujeres, queriendo encontrarlas en una sola, hasta que por fin la consigues. 

A La Princesa Rosa no le pides nada porque lo que necesitas de ella ya viene incluido, y es lo que la hace tu princesa: Que te quiera. Y con sólo el hecho de que así sea tienes razón suficiente para bajarle el mundo y amarla. 

En Venezuela La 
Princesa Rosa es la que te hace poner los pantalones y echarle pichon a los días. Es tu mejor estímulo. 

En el siglo XXI La Princesa Rosa es la que en una llamada corta, un mensajito de texto o en un zumbido de msn te devuelve el aliento. 

Con La Princesa Rosa ya no sientes miedo de enredarte, ya no sientes pudor absurdo de decirle cualquier cosa que se te pase por la mente. Se lo dices y mágicamente ella es feliz. 

La Princesa Rosa es la guasona perfecta. Es la imagen de Dios hecha mujer. Ella sabe cuánto tiempo volverte loco y la dosis de encanto que regalarte cada día para hacerte feliz y lo suficientemente desdichado para desear más. 

La Princesa Rosa es hasta inmortal, no tiene edad. Es sabía, es veterana, es inocente. Sabe lo que tiene que saber y curiosea las pieles vírgenes. Es una serpiente que te enreda y se enreda contigo. Te atrapa mientras tu sonríes. 

Es la que te reta para que en el momento que más lo necesite la halagues y la hagas sentir una reina. 

Es perfecta porque quiere de ti eso que idóneamente puedes darle, como ningún otro. La Princesa Rosa sólo te hace feliz, sin importar cuando, donde, como, ni porque. No necesita respuestas, ni tu de ella. 

Es tan ingenua como tú, tan sensible, tan presta a dar y recibir. Te ha esperado sabiendo o sin saber. Ha besado sapos. Tampoco te exige. También se anima contigo. 

Ella es la que se mueve como te gusta, al caminar y al bailar. La que te hechiza con su mirada, la que te hipnotiza con su voz, la de la carcajada certera. La de la temperatura acorde. La del silencio necesario. La de la palabra acertiva. La de la piel tibia para los días lluviosos. 

La de la sombra. La de los labios, la de la forma. La del abrazo. La del viaje. La del amor 'puro y desinteresado'. La de lo nuevo. La del golpe. La de los anteojos para ver mejor el mundo. 

¿Cómo no? La de las lágrimas, la de la noche. La de la brisa. La del sol. La de la ola. La del helado... La de la copa. La de la danza árabe... Y la sonrisa. La del sueño.

Lo cierto es que también nosotros soñamos con La Princesa Rosa, Amarilla o Azul. ¿O no muchachos? 

Hoy quise hablar de ella. 

No hay comentarios: