miércoles, 16 de diciembre de 2009

Tucupita


Nací en Tucupita hace más de 20 años, es decir, en los 80's.

Tucupita es una capital de estado, uno de los más abandonados de mi país: Venezuela.
En Venezuela, hay que decirlo, hay mucho atraso cultural, muchas cárceles mentales, falta de valores, deshonestidad, corrupción, flojera...

En mi pueblo, se multiplican los antivalores y el atraso. Y hay algo de mi vida que nunca podré cambiar, nací aquí. (He podido nacer en Londres, NY o París. Pero no, nací aquí. Comparada con las grandes ciudades, esta, es el inframundo. Hay que aceptarlo)

Hay algo bueno en mi vida... Tengo la leve pretensión de que puedo ver el big picture, la gran perspectiva.

Hay otra cosa en mi vida, quiero hacer algo por cambiar las cosas. Creo que huir es de cobardes. Yo he sido cobarde.

Y sé que esta sensación, es compartida…
He tenido la oportunidad de vivir en otras ciudades, quizás un poco más llenas que esta, con más infraestructuras, más movimiento cultural. He tenido la oportunidad de viajar y salir del país y ver, que es posible ser mejor.

Y después de andar y desandar por otros tantos caminos, por razones que luego me detendré a enumerar, decidí establecerme en el lugar donde Dios quiso que naciera, decidí intentar hacerle frente a la cobardía, decidí hacer fácil lo difícil, hacer la diferencia y creer que es posible.
Quise y quiero ser parte del cambio.
Empecé creyendo en un proyecto nuevo (realmente nuevo): Se trata de una publicación tipo magazine de variedades, de entretenimiento y cultural que antes no existía en mi ciudad y que apenas está naciendo, aparece encartada en el diario más vendido de la ciudad, y yo formo parte del equipo editorial.

Apenas estamos naciendo, y quiero que cada día sea mejor. Quiero creer.

Hay tardes en las que tantos dilemas, tantos recuerdos, tantas bajezas, tantos dimes y diretes, y hasta la gripe; me desaniman un poco.

Pero quiero sentirme orgulloso de mi ciudad. Quiero luchar contra lo que cualquiera pueda decir. Aquí si hay futuro, aquí, si se puede ser feliz. Quiero ser valiente, quiero luchar…

Fotos tomadas del grupo en Facebook: La gente de Tucupita en Facebook

domingo, 6 de diciembre de 2009

Las próximas oportunidades


Eran casi las ocho de la noche de un domingo en aquel nostálgico pueblo donde por tanto tiempo pasé mis días. Donde sólo reinaban los ladridos de perros y las inocentes gotas de la lluvia sobre las plantas. Porque las personas solían estar abrigadas desde bien temprano, porque el susurro de las oraciones que estaban acostumbradas a hacer cada noche, no salía de los límites de sus aposentos. Era un domingo lluvioso en aquel pueblo que supo conquistar mi corazón, que supo enseñarme con firmeza y rudeza esos valores igualmente firmes que se necesitan para avanzar en la vida con integridad y una sonrisa en el rostro.

Era un domingo previo al día de mi despedida y mientras escribía esto, el dolorcito en la nariz del llanto reprimido, había empezado a hacer de las suyas. Ese dolorcito que le da al que quiere estornudar y no lo hace, del que quiere llorar también, como yo aquella noche, y no se atreve. Eran palabras, voces, lunas, nervios, abrazos, sorpresas, carcajadas, lágrimas y encuentros los que me apegaban a ese pueblo maravilloso que me acurrucó como a un niño pequeño y me dio calor.

Era el domingo en que debía empezar a partir y empezar a llorar para aceptar así la despedida. Era un domingo en el que llorar era como presionar el botón “guardar” en un documento de Word para actualizar en el disco duro todos los cambios realizados y luego cerrar el documento de las vivencias y emociones vividas. Donde “cerrar” es seguir adelante, contento por el viaje, por el aprendizaje, por los amigos…

Era un domingo que reunía más de dos meses de experiencias que no quería olvidar, que no querían que pasaran, que quería recordar siempre como se recuerda la felicidad, que quería evocar siempre en una palabra, en una fotografía, en un mirar a la luna, en una oración.

En la vida hay apegos, no queremos que las cosas buenas pasen. La vida, está llena de sonrisas, lágrimas y de despedidas… La vida no se detiene.

La vida feliz es el cúmulo de buenos recuerdos y de aprendizajes que nos acompañarán para aprovechar más las próximas oportunidades, para hacer mejor las cosas, para amar sin límites, para querer más; porque al final de la vida, dos meses como aquellos, domingos como ese, son los que nos sacarán la sonrisita cuando un día en la noche, nos encontremos caminando, miremos a la luna y recordemos…