Abstracto como levantarse un día liviano, aliviado y tranquilo, pero sin recordar en lo absoluto la disertación filosófica acerca de su existencia que le tomó 21 años hacer, y que de un momento a otro, se formateó su disco duro para perder el trabajo de una vida entera.
Apagado, como esos televisores viejos en blanco y negro que luego de apretar el botón del OFF se iban desvaneciendo desde los bordes hacia el centro quedando casi al final un puntico blanco en el centro que tardaba en desaparecer.
Triste, aunque algunos lo llamen fresco, hay días en los que ese caballero se cubre de un aura negra, imponente y fuerte.
Extrañando sin querer a otra fuerza grande y amorfa presente al otro lado del río, que suena a voz dulce y melodiosa. Arrepentido de romper la rutina donde abrazaba diariamente a unos cuantos de grados de alcohol y de locura, al lado de una gente que le hacía reír y cantar.
Negro el pensamiento, casi vacío. Sin sentido. Muerto. Pidiendo a gritos el regreso. La vuelta. El rescate. Aire. Agua. Incluso un fuego que le haga creer que todavía es capaz de sentir. Triste. Muy triste. Pagando las heridas ocasionadas a otros a lo largo de los años. Quemado por el sol, a la intemperie. Y aun con la esperanza de retomar el camino, de llegar al sol. Pronto. El sabe que pasará.