sábado, 8 de noviembre de 2008

Variopinta

    
Hablar de ti me hace soltar carcajadas de placer. Y lo primero que tengo que hacer es reconocer que me encantas. Que me matas. Que las ganas que te tengo son proporcionales a la cantidad de años que suman nuestras edades. Tengo fijación por las variopintas. Soy un absurdo tipo caliente eternamente gracias a ti, y por eso quizás llegue a decirte palabras ofensivas, para los demás. Porque a ti te encantan y es una de las razones que te hacen variopinta. 

Variopinta porque tu mentecita no tiene límites. Y si la mente no las tiene, el cuerpo tampoco. Variopinta porque tu filosofía es la libertad, el desenfreno. El hedonismo ¿Por qué no? Sabes que la diversidad es el futuro.

Variopinta porque deseas a las mismas perras que yo. Porque quieres que desee a los mismos bichos que tu. Variopinta porque sólo por ser así te conviertes en el objeto de deseo de todos y eso te hace elegir a dedo complaciente con quien deseas tener orgasmos, sin fracasar en el intento. 

Variopinta porque no he logrado ser más sucio que tu con las palabras. Variopinta porque mientes descaradamente para lograr tus objetivos diarios y carnales. 

Me encanta cuando mientes a los demás para escaparnos juntos, y yo me hago cómplice. Cuando me mientes sabiendo yo la verdad para luego celebrar la mentira con un encuentro interno. Porque tienes el carácter para abrir y cerrar la santamaria a voluntad, para cerrar el bar sin dejar de complacer a nadie. Variopinta porque eres original con tus fetiches. Porque le pones color a cada sensación, a cada temperatura, a cada uno de nosotros. 

Variopinta porque pones a volar nuestra imaginación con cada encuentro. Porque no hay cama, no hay espacio de la casa de todos tus familiares y amigos que no hayas profanado. Variopinta porque comes de todo, y con las manos.

Variopinta porque tus gritos son cantos de ángeles. Tus espasmos realmente saben volverme loco y saben clavarse placenteramente en mi memoria para evocarlos fácilmente si los necesito. Porque tu piel es un volcán rojo en erupción. Porque tu hermosa sonrisa y tus provocadores labios rosa son usados indiscriminadamente con fines claros sólo para ti. Porque echas fuego por los ojos.

Porque, maldita sea, eres encantadoramente variopinta y escandalosamente encantadora. Hermosa, me encantas. Porque tienes infulas de reina dominatriz aunque disfrutas el rechazo morbosamente. Me haces sufrir. Te dejas llevar. Me enseñas. Me matas. Y me envuelves en un halo de deseo perenne. Eres la responsable de mis erecciones constantes. Variopinta porque no puedo dejar de imaginar y desear con lujuria todas las cosas que aún nos faltan por hacer, y mira que hemos hecho bastante. No puedo dejar de desear que llegue ya el momento en que voy a volver a tenerte vuelta loca y extasiada de placer encima de mi. Variopinta porque presumes de lo que nadie puede presumir, y no tienes problema por eso. Variopinta porque eres una dulce caprichosa a la que no podemos dejar de complacer sin cesar.

Variopinta porque eres la guinda de mi deseo inacabable. Sadica. Latina. Sabrosa. Exquisita. Mi Simone. Mi guasona y mi gatubela. Mi Satine. Mi Virginia. Mi Alejandro. Mi Catalina. Mi sirop resbalando por mi dedo. 

Variopinta porque provocas cojerte una y otra vez. Porque eres una Diosa que utiliza todos los recursos del planeta a tu favor. Y no sólo conmigo. Pero conmigo no puedes dejar de compartirlos todos.

Variopinta porque sientes por mi, opinas de mi y piensas de mi lo mismo que yo de ti.

Variopinta. De La Princesa Rosa ¿Antítesis o Complemento? 
          

La Princesa Rosa


Nunca se ha hablado de las princesas rosas. Por lo menos no en mi mundo y hasta hoy. Para el mundo machista seguramente es un término despreciable.

Cuando pienso en las princesas rosas se me ocurre que es toda mujer que cada hombre desea. Como el Príncipe Azul, para las niñas. La Princesa Rosa es la Barbie que todos deseamos encontrar cuando seamos grandes, o sea, ya mismo. Es la combinación perfecta de las cosas más sublimes y más perversas que se han registrado en el planeta.

Es ese objeto de deseo que por años hemos buscado incesantemente en la blusa de esta, en el cuello de aquella o en la entrepierna de la otra; pero que sólo encontramos cuando vemos a nuestra Princesa Rosa y ella se da cuenta de que siempre fue deseada por nosotros. Lo sabe. 

Y cuando realmente te encuentras a la Princesa Rosa que muy bien puede ser Azul o Amarilla sientes que valió la pena haber besado tantas ranas, porque si, la historia también aplica para nosotros. 

Y La Princesa Rosa es realmente perfecta, tan eterea, tan difícil de describir: Sonriente y calculadora. La Princesa Rosa tiene las características con las que en tantos poemas hemos adornado a cientos de mujeres, queriendo encontrarlas en una sola, hasta que por fin la consigues. 

A La Princesa Rosa no le pides nada porque lo que necesitas de ella ya viene incluido, y es lo que la hace tu princesa: Que te quiera. Y con sólo el hecho de que así sea tienes razón suficiente para bajarle el mundo y amarla. 

En Venezuela La 
Princesa Rosa es la que te hace poner los pantalones y echarle pichon a los días. Es tu mejor estímulo. 

En el siglo XXI La Princesa Rosa es la que en una llamada corta, un mensajito de texto o en un zumbido de msn te devuelve el aliento. 

Con La Princesa Rosa ya no sientes miedo de enredarte, ya no sientes pudor absurdo de decirle cualquier cosa que se te pase por la mente. Se lo dices y mágicamente ella es feliz. 

La Princesa Rosa es la guasona perfecta. Es la imagen de Dios hecha mujer. Ella sabe cuánto tiempo volverte loco y la dosis de encanto que regalarte cada día para hacerte feliz y lo suficientemente desdichado para desear más. 

La Princesa Rosa es hasta inmortal, no tiene edad. Es sabía, es veterana, es inocente. Sabe lo que tiene que saber y curiosea las pieles vírgenes. Es una serpiente que te enreda y se enreda contigo. Te atrapa mientras tu sonríes. 

Es la que te reta para que en el momento que más lo necesite la halagues y la hagas sentir una reina. 

Es perfecta porque quiere de ti eso que idóneamente puedes darle, como ningún otro. La Princesa Rosa sólo te hace feliz, sin importar cuando, donde, como, ni porque. No necesita respuestas, ni tu de ella. 

Es tan ingenua como tú, tan sensible, tan presta a dar y recibir. Te ha esperado sabiendo o sin saber. Ha besado sapos. Tampoco te exige. También se anima contigo. 

Ella es la que se mueve como te gusta, al caminar y al bailar. La que te hechiza con su mirada, la que te hipnotiza con su voz, la de la carcajada certera. La de la temperatura acorde. La del silencio necesario. La de la palabra acertiva. La de la piel tibia para los días lluviosos. 

La de la sombra. La de los labios, la de la forma. La del abrazo. La del viaje. La del amor 'puro y desinteresado'. La de lo nuevo. La del golpe. La de los anteojos para ver mejor el mundo. 

¿Cómo no? La de las lágrimas, la de la noche. La de la brisa. La del sol. La de la ola. La del helado... La de la copa. La de la danza árabe... Y la sonrisa. La del sueño.

Lo cierto es que también nosotros soñamos con La Princesa Rosa, Amarilla o Azul. ¿O no muchachos? 

Hoy quise hablar de ella. 

Tu Cuerpo

          
Brillante, inmenso y amazonico. Selvatico. Bañado de paraíso. Manantial de placeres. Con el conviven los mejores sabores. Una bandeja extensa de olores, una canasta infinita de provisiones. 

Tu cuerpo curvo, a veces plano, tu cuerpo sombreado y enaltecido. Tu cuerpo jugoso. Tu cuerpo brillante, blanco. Tu boca concava y la mía convexa se acoplan perfectamente en un golpe suave y dulce, como el azúcar. 

Tu saliva mezclada con la mía químicamente hecha la una para la otra. La combinación perfecta. 

Tu sudor: La muesta fiel de tú perfume que me embriaga y me hace perder la conciencia. Tu sudor: Nectar glorioso del que quiero beber. Tu olor: Olimpo. Tu color. Tu textura. Tus adornos. Tus silencios. Mis acentos. Tus curvas. Tu orgasmo: La mejor recompensa, "El piropo que tu amor regala". 

Tu vida, regalo invaluable que me dió no se quien. Y yo deseando tenerlo porque de verdad lo estoy mereciendo.