¿Qué en qué momento empezó - la oscura, de corazón calculador - Sofi a gustar del ingenioso picaresco especialmente tallado niño de contextura delgada y ojos grises?
Estamos aquí para averiguarlo.
Esa tarde había un sol amarillo y brillante en Caracas. Las calles aun no se habían convertido en el cotidiano estacionamiento y los carros podían desplazarse, pero sin dejar un lugar vacío en alguna de las avenidas de
Sofía Elena es una adolescente caraqueña en el último año de Mercadeo. Eran las 3 de la tarde y Sofi veía la novela de turno en su cuarto cerrado a la luz, paredes de colores, cama pequeña, closet amplio, un escritorio, una mesa de noche y una ventana que aun tapada, deja colar hasta los gritos desde la calle.
Sofi llegó al mediodía de la universidad, se encontró con su hermana que luego de almorzar volvía a
Sofi soñaba con ser una de las protagonistas de alguna de esas telenovelas que llevaba más de una década mirando ferviente y clandestinamente mientras de vez en cuando se comía las uñas, por los laditos - aunque lo detestaba, no lo podía evitar. Tampoco nada podía hacer que se levantara de aquel lugar que su casa le tenía reservado cada tarde de una a tres, o más. Eso si, nadie se imaginaría jamás su rutina diaria, la sabía esconder muy bien, como todos aquellos que se muestran al mundo con una máscara de por medio, como tu y como yo. Esto no le quita a Sofi su extraordinaria belleza, su capacidad de crear e imaginar mundos maravillosos, cualidad que la hacen la número uno en su clase.
Y en su closet, donde cabía un universo infinito de cosas, Sofi tiene mil piezas de vestir - aunque cada día se queja de que no tiene ropa que ponerse; también tiene cientos de accesorios; esconde todas las temporadas de Sex and the City, Dawson’s Creek y Friends; los clásicos de Disney - desde Cenicienta hasta Encantada; muchos libros de Moda y Diseño; revistas. Si yo estaría contando estas intimidades a los amigos de Sofi, jamás creerían que muy pocas cosas podían quitarle su vista del televisor de una a tres, o más. Pocas cosas: Como un mensaje de texto que quien sabe si podría cambiarle los días, sus días de novela.
En ese momento sonó el timbre de mensajes de su celular, y Sofi al percatarse, salió corriendo para ver quien era…
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