martes, 30 de septiembre de 2008

Ser lo que quieres ser... y ya


Hace tiempo. Demasiadísimo tiempo que no me desahogo literalmente. Sin personajes de por medio, sin pretensiones de literato.

Y si todos estos medios de comunicación 'sociales' tienen alguno sentido de ser es que podemos comunicarnos. Es lo que todos buscamos. Y cuanto más efectivos sean, más adictos a ellos nos volvemos. Para muestra Facebook.

Por eso los aprovecho y les grito a todos los que me da la gana, tratando de ahogar los complejos aun sin saber si una sola persona va a leerme, o millones. Apostando a que alguien accidentalmente se cale mis estupideces. Estupideces un poco más inteligentes que el grueso común. Un poco menos acomplejadas. Y hoy es un día para reflexionar. Mi alma lo pide a gritos.

Viendo el video 'La verdad detrás del espejo' (Buscar en Tutubo) que me envió un buen amigo pude empezar a pensar nuevamente en todas esas cosas que queremos ser y no somos los venezolanos, mi cultura. Y pude darme cuenta de que efectivamente somos un país que nace de los complejos, que vive de los complejos, de los juicios y que nos revolcamos en ellos. Que mal. Que triste. Por eso a veces me divierte tanto gritárselo a las personas. A ver si reaccionan.


Algunos pocos somos lo que queremos, muy pocos somos algo, cualquier cosa, la mayoría somos NADA.
Que vivimos con miedos, con complejos.


En estos días también un amigo borracho me decía una frase trillada pero que bien me cayó: 'Si la gente no te quiere por lo que eres, entonces no valen la pena.' Y es verdad.

¿Hasta cuando el miedo de ser como queremos? ¿De mostrarnos como somos? ¿De hacer lo que nos venga en gana? Es verdad que no todos podemos ser dioses (como yo), que necesitamos acuerdos mínimos de convivencia ¿Pero en que punto los acuerdos son límites para ser? ¿Hasta cuando miedo de querer, de odiar?

Se que no es tan simple. Se que no es fácil de entender. Se que hasta yo mismo me someto a juicios. Quisiera algún día no tener miedo. Como Samuel - el hijo de mi amiga Loli - que cree que puede correr detrás del carro en la autopista, y si le ofreces hacerlo, no tiene miedo de bajarse y emprender su aventura.

¿Quién me enseño a vivir con miedos? ¿Quién se lo enseñó a mis amigos, a la gente que quiero y a la gente que no quiero tanto? ESTO ES UN GRITO de deseperación por un país auténtico, valiente...

Quisiera que algún día todos pudieran hacer y ser lo que quieran. Quisiera... Algún día...


jueves, 18 de septiembre de 2008

El Universo en Cuatro Paredes


Después de tanto esperar venias hacia mí. Te veía a lo lejos, a una cuadra de distancia, esbelta, bronceada, sudada también; el cabello negro y largo, al compás del viento. Luego la mirada, las pupilas dilatadas, la boca echa agua y una sonrisa cómplice calculadora del tiempo perfecto. Un abrazo. Tu piel está tibia y comienza a enrojecerse. Mientras caminas a mi lado hacia el paraíso, nuestra respiración se acelera, las palabras sobran y el cosquilleo en el estomago aumenta.

Al cerrar las puertas nos sentimos dioses del universo. Nos apoderamos de nuestras bocas y nuestros cuerpos, nerviosos, un poco agitados, deseosos y palpitantes. El roce de las hebras de tu cabello me ponen la piel de gallina y el color ruborizado que va tomando tu cuello me hacen levantar aún más. También me hacen desnudarlo. La impaciencia se adueña de mi tiempo y cada vez quiero tener menos piel separándonos, menos barreras.

Inmediatamente tu pecho se descubre y se pone en contacto con mi piel. Allí está, mas vivo que nunca. Más sensible, más colorido.

La cama se hace sabana virginal que empieza a ser trastocada en todas sus dimensiones. Nuestros cuerpos se convierten en pinceles tomando todas las formas posibles, curvas, rectas rígidas, profundidades. Los ojos brillan. La lengua se convierte en un explorador ávido de texturas y sabores. Nuestros termómetros corporales agudizan su capacidad de sentir las temperaturas vibrantes en cualquier rincón de nuestros cuerpos. Se ponen en contacto las partes nunca antes sentidas. El calor aumenta, el calor forma ríos y océanos que inundan todas las extensiones de nuestros cuerpos, cada recoveco, cada vacío.

El corazón se hace sentir por arriba, por debajo y por todos lados. Y queremos más, aunque somos un volcán a punto de erupcionar. Un volcán que ruega encender el planeta de energía y calor, pero que a la vez, toma más fuerza y más furor con cada intento truncado de estallar. Nuevamente la piel se hace más sensible. La lengua puede llegar a todos lados.

La suavidad y la violencia se entremezclan para resultar en el ritmo perfecto que nos conduce con sutileza pero a la vez con firmeza al cielo.

Nos detenemos porque no queremos que termine el instante eterno y glorioso en el que por fin nuestros cuerpos recibieron la lluvia de éxtasis que por mucho tiempo rogaban albergar. Hasta lograr ser extremos y ser contorsionistas. Hasta lograr ser iguales y ser opuestos.

Las manos y los pies no se quedan atrás, son protagonistas y principal testigo del encuentro histórico. Nuestros olfatos son perros hambrientos pendientes de recibir. Son parte del goce supremo.

Los fluidos empiezan a hacerse presente, no sabemos de que estamos hechos, no sabemos si somos carne sólida o líquido que se amolda a nuestras almas. El universo entero forma parte de nuestro intercambio. Todo interviene, nada es suficiente.

Y allí en el centro de la tierra se genera un caos de energía que lentamente nos lleva del cielo al infierno y nos devuelve a la tierra: Lugar hermoso que nos permitió vivir y ser dos hambrientos que no se sacian; y que inmediatamente salen a recorrer más sabanas y siguen devorando con un exquisito disfrute, los ricos manjares cubiertos de una fina piel que permite degustar incluso lo que está debajo de ella, y más adentro.

Y en ese momento, más que nunca latió el corazón y la sangre recorrió nuestro cuerpo.

Entre paredes dos personas realmente sintieron lo que significa estar VIVOS.

martes, 9 de septiembre de 2008

A veces, Sofía . . .


Todavía, a veces, mientras el cielo pasar de ser naranja a ser violeta, recuerdo a Sofi. Aquella muchacha que sólo soñaba con mirar a los ojos a un muchacho, al cual cada noche le mandaba construcciones de frases inteligentes mientras se limitaba a observarlo en la fotito que se ubicaba en el lado superior derecho de su computador.

Recuerdo a la Sofi que suspiraba y a la que se le aguaban los ojos cada vez que hablaba o pensaba en el ingenioso niño de contextura delgada y que un día ya no supo si tenía los ojos grises o quizás marrones. De tanto no verlos, se le fueron olvidando.

A Sofi también se le ponía caliente el cuello cuando lo veía bailar por camarita, cuando él simplemente le decía ‘Hola’ o cuando le pasaba alguna foto, alguna canción o un juego corto de palabras formadas por letras verdes. A sofi, se le hacían interminables los segundos aquellos en los que lanzaba un comentario o una pregunta indiscreta y tenía que esperar la respuesta del ingenioso picaresco siempre cambiante. A veces le daban ganas de llorar. Sofía se aterrorizaba con la idea de que en cualquier momento pudiera descuidarse, y al volver, él se hubiese ido sin despedirse, ignorando que cualquier gesto de consideración hacía ella marcaban el estado de sus horas y sus minutos.

Recuerdo que Sofía Elena era una ingenua soñadora que un día sabía lo que quería y al otro no. Que un día deseaba olvidarse del ingenioso, pero la aparición de él la dejaba sin aliento y hasta sin pensamientos. Sofía era bastante loca. La verdad, yo creo que nunca pensó cual era su verdadero deseo. Sofía a veces decidía no encender la máquina que los conectaba y los hacían sentir cerquita aunque estaban a una distancia desconocida para ella.

Aunque decidía - algunos días - desconectarse de ese mundo que la hacía desesperarse, Sofía después de pasar horas tirada en su cama viendo al techo, sin pensar, sin racionar, sin poder contenerse: Levantaba su tronco, ponía los pies en el suelo, se ponía de pie, se acercaba a la computadora, se agachaba, apretaba el botón de encendido y se sentaba en la silla morada, a esperar que apareciera.

Este movimiento diario y calculado era el que durante muchas semanas le daba sentido y respiración a su existencia. A veces se ponía a dibujar sus sueños, a veces los escribía o simplemente los pensaba: El día en el que el ingenioso picaresco apareciera sin avisar en la puerta de su casa y se la llevara al mundo mágico que estaba allí mismo, dentro de su casa, pero que sólo podía activarse con la aparición de ese ser por el que pasó meses esperando.

Nuestra Sofía, la que conocemos, espero hasta la muerte y esperando murió. No tuvo el beso cálido del (a mi parecer, poco ingenioso) muchacho. Anoche se me apareció en sueños. La verdad, quise que estuviera aquí y me diera siempre historias que contar. Al despertar ya no estaba, pero por hoy me reveló el deseo de que aunque sea por última vez, volviera a mencionarla.

P.D.: Mi Sofi, mis días sin ti tampoco son posible. El hecho de pensar algunas 24 horas sin ti, sin tu aprobación para poder sonreir, me mata de desconsuelo. Te amo!

viernes, 5 de septiembre de 2008

Vete hasta el demonio y entrégate a él...


¿Que pasa cuando crees conocer a alguien de toda la vida, a lo largo de los años, y un día cualquiera te das cuenta de que no es así? Porque reaccionó de alguna manera que no esperabas. Porque te enteras que siente o hace cosas que no esperabas ¿Hasta que punto tu pareja, tu mejor amigo, tus familiares deben ser como quieres, deben comportarse como esperas?


Ok. Piérdete todos los días que quieras. Vete lejos. No me llames. No me busques. No me escribas. Y regodéate en tu rabia, en tu emoción. Porque estás harta de ti misma y te lo hago saber. Porque ya no sabes que parte de tu vida es fantasía y que parte es realidad. Porque ya no sabes donde está la frontera. Porque ya no sabes hasta donde tu piel es canela y hasta dónde es blanca. Hasta donde tu existencia es de verdad.

Piérdete. Sabes que no me molesta ¿Sabes por qué? Porque no espero nada de ti. No espero que estés. No espero que me quieras siempre. Sólo hay cosas que puedo ceder y algo que no puedo ceder. Pero si te quieres largar. Adelante. Me encanta cuando lo haces. Porque así como tu te hartas de mi. Adivina. Yo también me harto de ti. Ah! ¿Que no te esperabas que te dijera estas cosas? Que mal. Porque yo si me espero cualquier cosa de ti. Me espero que otro te haga el amor estando yo a dos metros de distancia. Me espero cualquier cosa. No espero nada.

Espero que seas.
Espero que hagas lo que quieras.
Quiero que seas tú. Que te vayas, si quieres.
Que te quedes, si quieres.
Que no vengas, si quieres.
Que hagas lo que quieras, si quieres.

Quiero y me encanta cuando estás difusa. Quiero que seas oscura, si es lo que quieres. Lo único que quiero es que seas tú. Y de ti, quiero para mí, que estés cuando quieras. Que estés y ya. No quiero que seas mía. Que seas perfecta. Y si un día no estás, todo sigue bien. Igual, algún día morirás.

Espero que hagas lo que realmente quieres. Mientras tu no sabes que esperar. Y cuando regreses. Si. Estaré aquí. Lo sabes. Por eso puedes irte. Por eso te das el lujo. Arriesgas lo seguro. Porque si te va bien, volverás feliz a lo seguro. Y si te va mal, lo seguro siempre estará igual.

Porque lo bueno es que no te estás yendo. Estás regresando del planeta lejano, galáctico y ficticio en el que estabas.

Bienvenida a este maravilloso retiro en el planeta más hostil y más real de la galaxia: La Tierra.

Aquí, es simple, lo único que tienes que hacer es, saber, que coño quieres.


Notita: Que vaina más enredada esta. Me gusta cuando en medio de la nada me semi-inspiras estos enredos. No te lo creas mucho.