miércoles, 20 de enero de 2010

Antología de amores imposibles

I

Estaba yo ahí, viendo aquel carrusel de caras largas, de gente sufrida y solitaria, de ojos que reflejaban amargura y tristeza. Estaba yo ahí dándome cuenta de esas estupideces.

Estaba yo ahí sin ti. Queriendo tenerte al lado para reírnos de los demás, y de como burlábamos las reglas y las fronteras para amarnos una tarde mientras nos tomábamos una chicha espesa.

Sin ti. Recordando. Pendiente de los carros al cruzar las calles cuando antes flotaba en el aire junto a ti. Estaba extrañando lo tibio de tu piel, el temblor de tu torso, el colorcito canela de tu cuello, tu mirada nerviosa y de tonta.

Estaba yo ahí sin ti. Como el propio pendejo que decidió alguna noche dejarlo todo.

Tenía unas inmensas ganas de agarrar el sueño a tu lado, de perder la conciencia bajo el efecto de tu dulce aliento o quizás atolondrado por tu suave voz que me cantaba para que yo volara sobre tus brazos angelicales.

Estaba yo ahí pensando en tu voz diciéndome "Las cosas están así porque tu quieres ¿Lo recuerdas?". Y me quedé paralizado.

Esa forma de hablar, esa inteligencia, ese tono de voz tan mágico, esa carcajada tan fastidiosa, ese abrazo constante, esa mirada a lo lejos que me devoraba en silencio.

Estaba yo ahí, temiendo el gritico de reclamo porque fui yo quien "dejó de quererte". Estaba extrañándote. Pesimista. Con esperanza. Pícaro. Abandonado. Enclosetadas las ganas. Reprimido el sentimiento. Dispuesto. Entusiasmado. Bipolar. Indeciso.

Estaba yo ahí pensando en que quizás valía la pena escucharte aunque sea decirme: ¡JÓDETE!

Y te marqué...

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