miércoles, 20 de enero de 2010

Antología de amores imposibles

II

Algo hemos hecho mal. Algo han hecho mal mis padres, mis abuelos y tus tatarabuelos. Algo hizo mal Da Vinci, Juan Pablo, Enrique VIII, Jesús y muchos antes que ellos.

Algo hicieron mal y es la razón por la que este amor tan grande que nos tenemos no puede ser constante, alegre y dulce, todos los días.

Es la razón por la que a mí no se me ha dado la oportunidad de encontrarte algún defecto, y es la razón por la que no puedo sentir siempre esta sensación que es la felicidad misma, donde nada me importa, donde me siento atractivo, donde todo lo tengo, donde cada recuerdo evoca en mí pálpitos de gozo, de alegría, de buenos tiempos...

¿Te imaginas como será cuando te secuestre y me pierda contigo los días que nos de la gana? Nos vengaremos del mundo, y nos reiremos de las lágrimas de aquellos que hoy me hacen querer tomar tu mano. Pero sólo querer... Y querer sin poder satisfacer las ganas.

Quiero conmigo siempre: Tu voz, tu sonrisa, tus vestiditos cortos que hacen famosas tus rodillas, tu sabor a vino tinto, tu mano agarrando lo más íntimo, tus pucheros, tus melodramas, tus complejos casi inexistentes que sirven como excusa para hacer que te consienta, que te diga que eres hermosa y eres amada.

Quiero... tu capacidad de amar, quiero ese aliento que me das, tu abrazo protector, el sustico de lo oculto y de los que se esconden aunque tú y yo, realmente, no tenemos necesidad de hacerlo, pero quizás en el fondo nos divierte. Quiero nuestra picardía, quiero tu suavidad, tu mirada, tu olor a café y tus tardes.

Quiero que creer que puedo volar, y eso es sólo contigo.

Algo hay mal en el mundo por lo que tu y yo no podemos amarnos, porque nos da la gana, como nos de la gana.

¿Quién carajo nos enseñó que en la vida no se puede tenerlo todo? Algún día tu y yo volaremos. Algún día tu y yo le enseñaremos al mundo a amar, sin casillas, sin reglas, sin complejos, sin tabúes, con desparpajo, con cinismo, con amor.

Algún día tendré para siempre esta felicidad que me queda luego de estar contigo de la única manera que se nos permite. Esta felicidad que prolongo todo lo que puedo después que cortas el teléfono.

P.D.: Casi dos años conociéndote. Dos piches años para lo bastante que nos queda. Después de dos, puedo decir con autoridad que el te amo se me queda chiquito, pero es una muestra pequeña y significante de lo que eres para mí.

Te amo

2 comentarios:

Isabella Lovera dijo...

Esta es mi preferida. Te quedo espectacular. Rei, llore y te ame.

Nunca dejes de escribir, mi Edward!

Eduardo Patriz dijo...

Estaba seguro que esta te encantaría. Me encanta que te gustó, tómala como tuya. Te amo!