IV
Eres mi mujer perfecta, mi princesa rosa morena, eres la musa que con un decreto tan simple se posó en mis pensamientos y se quedó allí encarcelada sin querer salir. Tan tonta. No sabes donde te metiste.
Tan encantadora. Tan inteligente. Tan para mí. Mi mamá no te conoce pero ya te quiere. Mi hermana ya no te soporta y eso es buenísimo. En cambio la tuya me cae mejor que tu, lo que me hace quererte más a ti.
Necesitas abrir los ojos al mundo y yo no quiero mostrártelo. Viajarás, vivirás, recorrerás, experimentarás, te irás cerca pero lo necesariamente lejos como para extrañarnos, imaginarnos y seguirnos idealizando.
Y volverás, más perfecta, más mujer, más atrevida (y eso es decir bastante), más lista, más dispuesta, para recorrer el mundo juntos, como ya lo hacemos en realidad, pero mejor, y para siempre desde que te conocí, y con un decreto tan simple, tan tonta, uniste nuestras vidas hasta la eternidad.
Gracias por llegar a mí.
miércoles, 20 de enero de 2010
Antología de amores imposibles
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