Me fascina la gente que no tiene miedo de pedir. Esa gente a mí me enseña muchísimo y de maneras inesperadas. Porque es que a veces las cosas están al alcance de nuestras manos y solo hace falta pedirlas. Muchas veces la ayuda que necesitamos está disponible y solo hay que decir: Ey, fulano, Dios, Universo, mamá, hermano, amigo, ayúdame con esto. Muchas veces nos ahogamos en un vaso de agua con algún conflicto, cuya solución llegaría fácil y rápido si solo sabemos pedir ayuda.
He aprendido que debemos pedir ayuda, que debemos pedirla, porque no podemos esperar que otros asuman que necesitamos ayuda, y mucho menos que lo adivinen. Pero estamos claros que a muchos de nosotros pedir ayuda nos da pena, o miedo, o simplemente nos cuesta, por la razón que sea.
Por eso me encanta mi amigo, porque él no se mueve sin pedir ayuda. Y seguramente obtiene de la vida muchísimo, seguramente muchas de sus cosas resultan super fáciles. Admiro de mi amigo el desparpajo con el que va a por la vida, diciéndonos a todos: Tengo esta situación, necesito que me ayudes.
A este amigo, yo le diría, que si quiere mejorar sus técnicas de pedir ayuda - y uno, esto no es sarcasmo, de verdad que no; y dos, lo digo, porque le ha pasado conmigo - tiene que ser más específico. Muchas veces solo se limita a decir, tengo esta situación y necesito tu ayuda. Cuando la persona que va a ayudar necesita saber muchas veces las formas en que se va a canalizar esa ayuda para poder decir que sí.
Hace días me dijo: Necesito ayudar a mi hermana con su mudanza inesperada. Y yo necesitaba que me dijera los detalles, cuándo, a qué hora, en qué lugar, para poder hacer espacio en mi agenda y poder ver la viabilidad de la ayuda. Este es solo un ejemplo. Porque es que incluso los gurús de la ley de la atracción lo dicen, hay que pedirle al universo y tener claro lo que vas a pedir, ser lo más específico que puedas. En fin, que hay que pedir y hay que saber pedir, sin miedo.
Mi amigo me ha enseñado al mismo tiempo a decir que no. Y yo se lo agradezco todo. Él, al mismo tiempo, tiene tantas facilidades para pedir ayuda, lo cual, repito, es admirable, que muchas veces, yo siento que pide ayuda en cosas que puede hacer por sí mismo, y ahí es donde toca decirle, "no mames güey, no puedo". Porque decir que no también nos cuesta un montón, y es algo que necesitamos aprender. a decir que no, sin dar muchas explicaciones.
Me cae bien mi amigo, me ha enseñado bastante. A pedir ayuda, a ayudar desinteresadamente, a discernir cuando es momento de decir que no, y a decir que no. Creo que mi amigo recibe mucho del Universo porque al mismo tiempo da mucho también. Presumo que, la mayoría de las veces, sin siquiera saberlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario