miércoles, 26 de mayo de 2010

Pajaritos Preñaos

El sábado conversaba con dos amigas, con historias - no sé si típicas, no sé si dejan de ser sórdidas por ser típicas - que nos hacen preguntarnos ¿Qué tenemos en la cabeza? ¿Qué carajo estamos pensando o con qué, cuando nos lanzamos de cabeza a empatarnos con aquella o aquel que reúne el número más escaso de probabilidades de hacernos felices?

La verdad es que creo, según mi experiencia y las de ellas, que la mayoría de las veces nos fijamos en quien no está interesado en nosotros. El amor perfecto de amar y ser amados como que está lejos de la realidad. La realidad te dice: "Confórmate, esto es lo que hay". O si no, muchas veces decidimos comprometernos por necesidades sexuales, - el primero que se te resbaló - por soledad, - el primero que te peló el diente - o por otras razones económicas o sociales - salieron embarazados.

Muchas veces el resultado de este tipo de compromisos son los fracasos, hijos con problemas, divorcios, infelicidad, infidelidades, falta de comprensión y honestidad, vidas paralelas.

Mis amigas, tan jóvenes, después de sus experiencias traumáticas que las marcaron para toda la vida, y créanme, para toda la vida, se preguntan ¿Qué le vi? ¿Cómo no me di cuenta? ¿Por qué fui tan estúpida? o ¿Por qué todavía lo amo?

Una, no está muy segura de lo que será su futuro. La otra, afirma no estar interesada en relaciones, vida de parejas, matrimonio, ni nada que se le parezca.

Yo, que ando clavadísimo con la que ni está pendiente de mí y me está lanzando todas las señales de "nada que ver", me ilusiono con un simple mensaje suyo y ruego a todos los dioses porque cada vez que suena el teléfono, sea ella.

Yo, que he visto todas las señales, estoy loco porque se de algo, cualquier cosa, y de tener la oportunidad, no lo dudaré, me lanzaré de cabeza, lo viviré; lo más probable es que luego salga perdiendo y vengan las tardías preguntas.

Yo, que quizás tengo oportunidades de estar con una chica capaz de bajarme el cielo, no me interesa sino aquella que no se enamoraría de mí. O quizás sí.

Yo, hoy, frente a mis amigas, defendí el amor a toda costa. Yo creo en el amor, en la pareja perfecta, en amar y ser amado, en ser felices para siempre, en el matrimonio, en la familia feliz. Yo creo y me niego a dejar de creer.

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