Desde hace rato quiero escribir acerca de emigrar. Porque soy venezolano, y soy emigrante, en principio. Mi caso es particular, en el sentido de que siempre he sentido que salir de Venezuela es algo que tarde o temprano yo quería hacer, sin importar las circunstancias.
Y si, salí porque me sentía abrumado por la inestabilidad económica de mi país, y estoy feliz de haber salido, pero aún no me siento estable en ninguna parte, es decir, que no he decidido donde quiero establecerme, por lo que no me siento un emigrante, sino un viajero. Y me atrevo a afirmar esto pues creo que perdí el miedo paralizante que da el llegar a un país nuevo, quizás desconocido, en busca de oportunidades. Aunque confieso que no es nada sencillo, ni para todo el mundo.
Emigrar no es para el pesimista, emigrar no es para el deshonesto, emigrar no es para el flojo, pero sobretodo emigrar no es para quien no tiene en su espíritu y en su mente una gran fortaleza psicológica y emocional que le permita abordar lo que venga con optimismo, positivismo y gratitud. Y son esas características las claves para llegar a alcanzar una vida tranquila como emigrante.
Creo que las cosas podrían ir bien en cualquier lugar. Por supuesto que hay condiciones externas que favorecen o desfavorecen el estar bien, pero me parece que lo que determina este éxito o fracaso, es lo que está en la mente de cada quien, y lo que está allí, te lo vas a llevar a donde quiera que vayas.
Por lo que si estás realmente mal en un lugar, posiblemente eso no va a cambiar, si te mudas de país. Estar bien y tener calidad de vida depende de tu visión acerca de la vida, de con que valores y paradigmas la enfrentas, siendo esto fundamental para lograr que te vaya bien, estés donde estés.
Emigrar puede ser más fácil o más difícil, dependiendo de como tu mismo te lo hagas... pues todo puede ir bien si te lo propones. ¡Ánimo!

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