miércoles, 18 de junio de 2008

Ruibarbo

Riéndome estoy por las manifestaciones de incoherencias que podemos tener de vez en cuando los seres humanos, los venezolanos más que todo. Realmente somos una cultura maravillosa, con miles de limitaciones, eso si, a veces innumerables, no podemos negarlo, pero a la vez con unas virtudes igualmente interminables.

Y es triste omitir un poco esas características que tenemos, que son nuestras, que manifestamos pero que no sabemos aprovechar porque vivimos creyendo que lo nuestro es malo. Creo que como sociedad funcionamos igual que como personas.

La inseguridad y los complejos con respecto a nosotros mismos abundan, creo que es una de las características limitantes más predominantes. El miedo a ser juzgados y por ello nuestra conducta falsa y enmascarada que pretende que seamos lo que no somos en el fondo proviene un poco de siquiera saber que es lo que somos o como somos. Nuevamente, es bastante triste.

Primero, no nos conocemos. No sabemos cuales son esas cosas que nos caracterizan, nuestras virtudes y siquiera nuestros defectos. No es esta una tarea fácil, requiere dedicación. Segundo, la creencia de que los demás son mejores, o todo aquello que sea externo a nosotros, los demás países, las demás culturas, las otras personas, las otras empresas y siempre estamos comparándonos con entes externos.

Y tercero no haber creado una identidad, no hemos identificado como somos, que defectos tenemos, que cosas buenas tenemos, cuales otras cosas buenas y malas no tenemos y quisiéramos llegar a tener. Por ejemplo, yo quisiera a veces poder ser hipócritamente político, son dos características casi semejantes para mí, pero quisiera tenerlas. No soy así, es una condición mal usada, pero una habilidad que quisiera incorporar a mi persona. Y repito, esto es así tanto a nivel individual, como a nivel social.

El venezolano es cómodo. Muy cómodo. Entonces, a donde quiera que lleguemos, como no sabemos quienes somos, no estamos seguros de lo que nos conforma, tenemos un temor gigante a ser juzgados, a caer mal, a que nos señalen, esto es realmente la inseguridad. No saber que coño somos y sentirnos incómodos de nosotros mismos. Luego empezamos a simular ser algo que se parezca a lo que las otras personas - también inseguras de si mismas - quieren que seamos en ese momento, o a ser lo que creemos que ellos quieren ver, sin saber que ellos están haciendo lo mismo y ni siquiera saben lo que quieren mostrar o quieren percibir.

Al final, terminamos todos frustrados porque no caímos bien a alguien y porque no pudimos establecer ninguna relación de calidad con otro ser humano en ese momento, quizás hayamos intercambiado alguna palabra o alguna sonrisa, pero falsa, insegura. Se que a nadie le interesa este tipo de reflexiones, son menos llamativas que aquellas que reniegan de nosotros, aquellas reflexiones wannabes que gritan ser diferentes pero se revuelcan entre los mismos errores de todo el mundo, sin embargo, creo en este tipo de pensamientos radica la verdadera diferencia entre estar satisfecho y no estarlo. Un poco lo que he hablado antes de las caras largas al final del día, o durante él.

Y para seguir redundando sólo 'aconsejo' pensar un poco en lo que somos, sentirnos orgullosos (mas no conformes) de eso, trabajar los defectos y seguir adquiriendo más características que nos permitan hacer lo que nos de la gana siempre. Y así, poder pisar cualquier punto del planeta con seguridad, con la satisfacción de ser lo que nos da la gana y poder tener una vida realmente satisfactoria. Esta vez, me dio la gana de escribir esto, mal, pero hecho.

No hay comentarios: