martes, 11 de marzo de 2008

Somos unos niños, todavía

Cuando tomas la decisión de dejar de vivir del trabajo de tus padres, de otros, todo cambia.

Sobretodo cuando lo decides de forma inesperada, antes de lo previsto.

El reto es que te vaya bien, pero

“Tanto si crees que puedes como si crees que no, estás en lo cierto”

Eso lo dijo Tom Ford, NO, eso lo dijo Henry Ford, el de los carros. Hoy, ese es mi mejor lema.

Me ha ido bien, pero todo está cambiando. Acabo de sacar todas esas camisas bonitas, aunque no las usaba. Me sigue gustando fiestear pero creo que debo retirarme un poco. Quiero leer más y mejorar mi comunicación, para ser más preciso a la hora de hablarte. Quiero ver películas desde otra perspectiva. Te das cuenta de que ya no quieres ser un niñito que juega a divertirse. Le das valor a otras cosas, más que al cuento de cómo pasaste el fin de semana. Porque aunque siguen siendo divertidos, ya no haces las mismas cosas.

Algunos dicen que quisieran seguir siendo adolescentes, que adolecen y viven de otras cosas que no son ellos, pero ahora, vivir este ahora, tiene múltiples ventajas, no las voy a enumerar, por ahora.

Y ¿Qué soy ahora? Un tipo que juega o que sueña o que intenta ser productor, cineasta, administrador, oficinista. ¿De qué hablo ahora? Digamos que de lo que sé. Porque si algo no ha cambiado, es que se. Aunque ya no soy un niño, pero sigo teniendo cosas que gritarle al mundo.

Lo peor, es que creo que esto le está pasando a muchos de los que son como yo, que ahora no salen conmigo porque dicen que estoy cambiando. Yo soy el que cambia, ellos no. Que triste no cambiar. No, no es que estamos viejos. Somos unos niños, todavía.

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