La inmensidad de la vida y el arte en la punta del grafito
Artista Deltana, con la personalidad fiel del creador: Tímida, melancólica y callada, celosa de su arte que confiesa sólo al papel y a su lápiz de grafito. Carmen Sotillo es de esas artistas escondidas en los recovecos más recónditos de nuestra tierra deltana, pero con un talento avasallante como el caudal del Orinoco.También es madre a tiempo completo, por eso la vida se le va entre su hijo y el espacio que le dedica al arte de hacer retratos como lugar de encuentro con ella misma. A si tía Alcira Lazarde le agradece el haber despertado en ella el don de la pintura, gracias a que la indujo a estudiarla durante un mes en la Escuela de Arte Cristóbal Rojas de Caracas, lo que bastó y sobró para que Carmen desarrollara un afinado arte de plasmar y reproducir, con lápiz, rostros emblemáticos, de la fotografía al papel.Tiene una personalidad bohemia, su artista favorito es Elvis Presley, le gusta la noche a la hora de pintar, ama profundamente a su hijo, - “cuando no estoy con él, siento que falta una parte de mí” -, y es muy estricta con su trabajo. Además, no le sucede nada cuando le dicen que sus obras son de altísimo buen gusto.Su arte lo define como un acto de relajación, como un ejercicio lúdico que a veces sale bien y a veces no tanto. “Siento que el trabajo está bien hecho cuando veo la imagen y puedo relacionarla más con lo que expresa la persona en el retrato original”.Cuenta alegre como ya ha expuesto, en un par de oportunidades, su obra en la Casa del Artista Plástico de Tucupita, gracias a su mamá Eucaris Monroy, dice que “ella fue la que inició todo”. Cuando se le pregunta qué piensa cuando le dicen que su obra es muy bonita, dice: “Me parece bien que les guste. Uno trata de captar de la pintura original y ponerle un poco de lo que la foto nos hace sentir”, finaliza.




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