María Betancourt es una viejita muy cariñosa y farandulera que tuve el honor de conocer hace poco en una entrevista para DELTA Magazine, el semanario en el que trabajo. Realmente ya la conocía de antes, sólo que esta vez pudimos compartir más. En esa ocasión anterior, la visité junto a mi madre y mi padre. En esa ocasión escuché, de su propia voz, una de sus canciones. María Betancourt es cantante y compositora, canta hermosísimo y compone unas canciones que a uno le aguan el guarapo, como decimos en Oriente.Desde que empecé a publicar mis escritos, estuvo en mi lista de personas por entrevistar. Hasta que se hizo realidad. Fueron numerosas las sonrisas que compartimos durante ese tarde, varias las canciones y mucha la pasión desbordada en amor por lo que hacemos, en este caso, ella.Es María Betancourt una mujer, primero hermosa, a pesar de sus 71 años cumplidos; hermosa por femenina y porque se esmera es sus maneras. Pero además, transmite un amor inatrapable hacia la música y unas ganas inmensas de cantar, de compartir, de expresar con melodías, sus pensamientos, emociones y sentimientos.Pasamos una tarde con ella y bastó para irnos con el corazón enternecido y lleno de cariño hacía una mujer que provoca tenerla como abuelita para que nos hable y nos cante cada tarde.Una de sus canciones suena de vez en cuando en la radio. Y uno se emociona nada más de escucharla y saber que es ella cantándole a nuestra tierra. Como bien lo dije en mi artículo para DELTA Magazine, “nada hace desfallecer a María Betancourt, el don de la interpretación y la composición que Dios le dio, son su mayor orgullo. No escatima esfuerzos ni cariño en regalar un poco de su melodiosa voz apasionada, que expresa el guaramo de la mujer que sueña y se forja día a día esos sueños. Su canción es como un arrullo maternal, que aunque va desbordado al Delta, uno lo siente como de uno.”
miércoles, 2 de junio de 2010
Una tarde con la abuela María
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