He seguido conversando con Martha, es difícil acudir a ella para que me cuente sus cosas. Así es, no es ella la que viene a mí, soy yo quien tiene que ir hasta ella y cruzar la ciudad para que me cuente sus pesares. Ella me dice que me lo cuenta porque sabe que voy a hablar de esto y que de alguna manera, a través de mi, otra persona, la que ella le interesa, va a saber como se siente, y va a tener explicaciones o por lo menos idea de lo que a ella le pasa por la cabeza.
Martha creía que tenía su vida resuelta, que tenía estabilidad emocional, que no tenía que ocuparse de ello, que podía dedicarse a otras cosas, y se sorprende de ver como una mañana puede cambiarlo todo. O una tarde. Martha había dedicado tanto tiempo a resolver sus emociones, durante tantos meses y años, que pensaba que ese esfuerzo rendía para el resto de la vida, y estaba empezando a enfocarse en otras cosas.
Y de repente se encuentra nuevamente frente al vacío, sus ojos se ponen vidriosos y empieza a llorar. Es muy sentimental Martha, y es difícil para mi conectarme con eso, por eso, quizás mi cuento es muy racional. Desde su adolescencia, Martha veía como una relación de pareja se hacia cada vez más importante para las personas que le rodeaban, en su casa, papá y mamá tenían una, gracias a eso ella había nacido. Sus hermanos mayores definían la realización de su vida a partir de sus matrimonios, todos sus tíos y tías estaban emparentados, los amigos de sus padres, sus amigas del colegio hablaban de eso, en las películas y comiquitas, y lo que todavía no se explica Martha es como puede invertir la noche en hablarme de estas cosas, antes insignificantes para ella, resueltas.
No es esto lo que a ella le interesa en la vida, no es de lo que quiere ocuparse. Ella lo había solucionado y había cubierto ese espacio de su vida. Ahora es diferente la realidad. Y se pregunta si de verdad es necesario pensar en esto, si de verdad es necesario relacionarse así con alguien, si de verdad lo necesita. Después de la caída, le gustaría hacer a un lado el ‘tener que llevar una relación con alguien para que los demás la consideren normal’. Que ladilla dice, ya sin lágrimas. A la gente le gustan los problemas. Y todo este peo es porque lidiar con los demás es lo más difícil de vivir, pero a veces ella piensa que es necesario. Martha quiere dedicarse a sus vainas y ya, sin estar pendiente de nadie. Sacarle el culo a todo el mundo y querer indirectamente a los demás, de manera que eso no puede afectarle, interacción mínima. Total, tiene por delante muchos sueños que cumplir. Se levanta firmemente de la silla y respira profundo ¿Tu crees que pueda? ¿Qué sea así de fácil?
Me gustaría decirle que no olvide lo bonito que es enamorarse, pero se que me va a responder que también es feo que te rompan los sentimientos bonitos y después de lo que le ha pasado tener que controlar el sufrimiento, me va a decir que es difícil convivir con alguien más, o que quizás no valga el esfuerzo de ocuparse en darle su tiempo a alguien porque en cualquier momento se puede ir, y tiene razón. Quizás la pregunta se replantea. Debería ser ¿Es posible? ¿De verdad vale la pena?
Creo que en el fondo, a ella si le gustaría…
Martha creía que tenía su vida resuelta, que tenía estabilidad emocional, que no tenía que ocuparse de ello, que podía dedicarse a otras cosas, y se sorprende de ver como una mañana puede cambiarlo todo. O una tarde. Martha había dedicado tanto tiempo a resolver sus emociones, durante tantos meses y años, que pensaba que ese esfuerzo rendía para el resto de la vida, y estaba empezando a enfocarse en otras cosas.
Y de repente se encuentra nuevamente frente al vacío, sus ojos se ponen vidriosos y empieza a llorar. Es muy sentimental Martha, y es difícil para mi conectarme con eso, por eso, quizás mi cuento es muy racional. Desde su adolescencia, Martha veía como una relación de pareja se hacia cada vez más importante para las personas que le rodeaban, en su casa, papá y mamá tenían una, gracias a eso ella había nacido. Sus hermanos mayores definían la realización de su vida a partir de sus matrimonios, todos sus tíos y tías estaban emparentados, los amigos de sus padres, sus amigas del colegio hablaban de eso, en las películas y comiquitas, y lo que todavía no se explica Martha es como puede invertir la noche en hablarme de estas cosas, antes insignificantes para ella, resueltas.
No es esto lo que a ella le interesa en la vida, no es de lo que quiere ocuparse. Ella lo había solucionado y había cubierto ese espacio de su vida. Ahora es diferente la realidad. Y se pregunta si de verdad es necesario pensar en esto, si de verdad es necesario relacionarse así con alguien, si de verdad lo necesita. Después de la caída, le gustaría hacer a un lado el ‘tener que llevar una relación con alguien para que los demás la consideren normal’. Que ladilla dice, ya sin lágrimas. A la gente le gustan los problemas. Y todo este peo es porque lidiar con los demás es lo más difícil de vivir, pero a veces ella piensa que es necesario. Martha quiere dedicarse a sus vainas y ya, sin estar pendiente de nadie. Sacarle el culo a todo el mundo y querer indirectamente a los demás, de manera que eso no puede afectarle, interacción mínima. Total, tiene por delante muchos sueños que cumplir. Se levanta firmemente de la silla y respira profundo ¿Tu crees que pueda? ¿Qué sea así de fácil?
Me gustaría decirle que no olvide lo bonito que es enamorarse, pero se que me va a responder que también es feo que te rompan los sentimientos bonitos y después de lo que le ha pasado tener que controlar el sufrimiento, me va a decir que es difícil convivir con alguien más, o que quizás no valga el esfuerzo de ocuparse en darle su tiempo a alguien porque en cualquier momento se puede ir, y tiene razón. Quizás la pregunta se replantea. Debería ser ¿Es posible? ¿De verdad vale la pena?
Creo que en el fondo, a ella si le gustaría…
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